BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
De las vagas nieblas de mi origen,
y de las estrictas estupideces de algún
profesor magisterio, guardo y conservo
la huella de tanto hastío y de tanta nube
entre candiles de arena cálida y aceites.
Del perfume a bosque y salitre lacustre
y del aroma a monte de las savias amarillas,
preservo los auténticos dolores herméticos
como la sombra de algún material recóndito.
Arcillas, piélagos de neblina, tempestades
instantáneas, y grasas superfluas de la matanza,
me exoneran de pedir más dudas y menos templanza.
De la greda de mi pueblo, y de los latidos exangües
de un Cristo torpe y bonachón, mi cuerpo recupera
su elasticidad de cable eléctrico tendido entre matorrales.
Yo vago entre cuarzos y materiales extinguidos;
busco la persuasiva presencia física de su cuerpo
contra mis besos, siempre entre tempestades.
©
y de las estrictas estupideces de algún
profesor magisterio, guardo y conservo
la huella de tanto hastío y de tanta nube
entre candiles de arena cálida y aceites.
Del perfume a bosque y salitre lacustre
y del aroma a monte de las savias amarillas,
preservo los auténticos dolores herméticos
como la sombra de algún material recóndito.
Arcillas, piélagos de neblina, tempestades
instantáneas, y grasas superfluas de la matanza,
me exoneran de pedir más dudas y menos templanza.
De la greda de mi pueblo, y de los latidos exangües
de un Cristo torpe y bonachón, mi cuerpo recupera
su elasticidad de cable eléctrico tendido entre matorrales.
Yo vago entre cuarzos y materiales extinguidos;
busco la persuasiva presencia física de su cuerpo
contra mis besos, siempre entre tempestades.
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