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Pero me quedo

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Si tengo que hablar de flores diré lo del tiempo,
y no habré callando nada.
Con tres o cinco pétalos se puede decir
temprano o atardecer dormido;
la luz que mueve el viento, los ojos
que alguna vez dejarán de arder.


Leo en las macetas todos tus colores
y siempre me faltan los que sonríes
cuando me atrevo a recordarte.
Es como encender un cirio
en la claridad del día,
no para agrandar la luz,
sino para intentar mirarte.

Estás tan cerca de nunca haber estado
que me niego a cerrar los ojos
por si no puedes encontrarme
aquí dentro, en tu ausencia,
como yo tampoco puedo.
Doy cuerda al reloj que dibujaste en mi mano
que soltaste,
y la hora que marca es la misma, pero no:
se le cayó el minutero a tu risa.

Líneas aladas desaparecen en el horizonte,
y el mar sigue más allá del sol,
quemándose.
Me dicen que la vida también es aprender
a dejar ir,
pero yo sigo tratando de recordar los aromas
de un tiempo a colores.
Esta es mi forma decirte adiós, y sin decirlo,
confieso que no sé cómo quemarme.

27 de octubre de 2022
 
Última edición:

Estás tan cerca de nunca haber estado
que me niego a cerrar los ojos
por si no puedes encontrarme
aquí dentro, en tu ausencia,
como yo tampoco puedo.


Estos versos son la médula del poema, el sentir de aquello
que parece estar y no está.
Tremendo y brillante escrito...siempre en la línea que caracteriza al autor.

Va un abrazo a la distancia, amigo.
Desde Santiago de Chile hasta tu hermosa tierra.
Eban
 
Siempre nos estamos quedando en todo eso que fue maravilloso. Difícil es soltar sin guardarnos un restito pa seguir añorando tiempos que ya no serán.
Ya sabes, Pinchelírico, por baboso te chancleo y te abrazo.
Besazo.
 
Si tengo que hablar de flores diré lo del tiempo,
y no habré callando nada.
Con tres o cinco pétalos se puede decir
temprano o atardecer dormido;
la luz que mueve el viento, los ojos
que alguna vez dejarán de arder.


Leo en las macetas todos tus colores
y siempre me faltan los que sonríes
cuando me atrevo a recordarte.
Es como encender un cirio
en la claridad del día,
no para agrandar la luz,
sino para intentar mirarte.

Estás tan cerca de nunca haber estado
que me niego a cerrar los ojos
por si no puedes encontrarme
aquí dentro, en tu ausencia,
como yo tampoco puedo.
Doy cuerda al reloj que dibujaste en mi mano
que soltaste,
y la hora que marca es la misma, pero no:
se le cayó el minutero a tu risa.

Líneas aladas desaparecen en el horizonte,
y el mar sigue más allá del sol,
quemándose.
Me dicen que la vida también es aprender
a dejar ir,
pero yo sigo tratando de recordar los aromas
de un tiempo a colores.
Esta es mi forma decirte adiós, y sin decirlo,
confieso que no sé cómo quemarme.

27 de octubre de 2022
"Me voy pero me quedo". Siempre hay desprendimientos en los minuteros y vuelos que desde cerca nos llevan lejos.

Un poema que acerca la lejanía y en el que el recuerdo se acerca a una confesión... despedidas de por medio.

Imprescindible este poema, Pedro, para los que aún seguimos aquí.

Un abrazote, cuatachón, a estas horas de este invierno.
 

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