Hoy,
inauguramos el amor
en una noche sin horas,
rompiendo el silencio
de las sombras,
en el fulgor que nos delata.
Como un torbellino
te haces palpable en la línea
de mi cuello,
tus manos cabalgan piel adentro
en veraniego diluvio,
sobre mis pechos desnudos.
Tus dedos - brisa fresca -
fluyen con premura,
atendiendo los acordes de mi vientre
que gira y se eleva,
sólo tu nombre, mi nombre
y tus besos.
Un bostezo apaga las estrellas,
alargando los instantes
en un revuelo de miradas,
nos roza el viento cálido
que sopla sin detenerse.
Ahora el sol se instala en tu boca,
como oleaje perenne
en el que nos atrapa el tiempo,
mientras tú,
navegas por mi piel.
Ana Mercedes Villalobos