Turbia y salobre
entra el agua de la ría,
siempre en movimiento
de plata y ocre.
En su líquido vientre
guarda celosa
las reproducciones
de las casas que la escoltan.
Por la tarde
la miro irse
con las luces
entre las pequeñas olas
meciendo las figurantas
que absorbe día tras día.
En su interior se pelea
el mar y el río.
El agua dulce
huye hacia el mar,
el agua salada
hacia la tierra corre.
Ella escapa ligera
con algas revuelta en su seno,
una mitad acabará en la arena,
la otra
en el monte se esconde.
entra el agua de la ría,
siempre en movimiento
de plata y ocre.
En su líquido vientre
guarda celosa
las reproducciones
de las casas que la escoltan.
Por la tarde
la miro irse
con las luces
entre las pequeñas olas
meciendo las figurantas
que absorbe día tras día.
En su interior se pelea
el mar y el río.
El agua dulce
huye hacia el mar,
el agua salada
hacia la tierra corre.
Ella escapa ligera
con algas revuelta en su seno,
una mitad acabará en la arena,
la otra
en el monte se esconde.
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