Hay sensaciones extraordinarias para el ser humano,
el éxtasis profundo cuando se ama cuerpo-alma-fusiòn perfecta,
y el percibir en la carne,
otro pálpito que tiene vida propia,
incomparable, maravilloso,
sentir en la fibra esos adorados movimientos
respondiendo a la caricia,
y esa comunicaciòn ùnica
a travès de la linfa,
tanto que esas horas, semanas, dìas,
no tuvieran fin,
pero es la naturaleza, no la madre
que los separa tan bruscamente
y tan dolorosamente,
creo es el primer trauma para el ser humano
entrada o salida, vertice con interrogaciòn
a un espacio tan lleno de maravillas
tan lleno de miedos
tan lleno de sensaciones que se prenden en las pestañas
tan lleno de dichas que trascienden la razòn,
tan lleno de dolores que se adhieren al alma.
Todos comenzamos a morir
en el momento en que el cuerpo se abre
a un plano diferente,
se vacìa el universo en explosiòn
donde todo era y todo estaba,
cercenado el lazo misterioso
de un mundo càlido y festivo.
No es la madre la culpable
son los dos quienes se inmolan
en un ìntimo momento
de heroìsmo.
Bendiciones poeta y gracias por tu palabra.