Sólo tres melocotones
le dieron vida a mis versos,
tan malvados y perversos
como ruedas de camiones.
¿Dónde están los orejones
que tenemos que cenar?
Indagué en un lupanar
pero no los encontré.
No es más ciego el que no ve,
es quien no sabe mirar.
Y después de este dislate
me cubriré de lirismo,
que no hay mayor espejismo
que escribir un disparate.
¡Fomentemos el debate
por la lírica servida:
sin poemas ya no hay vida,
y sin vida ya no hay ser!
¿Por qué tengo que ceder
a una vida ya extinguida?
Tras expresar mi lamento
contaré una bella historia
que pretende ser la gloria
de un sublime testamento.
Pero, por más que lo intento,
esa historia no me sale:
¡Ay, Churrete, ya te vale!
La de poemas que hacías,
incluso cuando dormías...
¡Mereces que te apuñale!
CHU
le dieron vida a mis versos,
tan malvados y perversos
como ruedas de camiones.
¿Dónde están los orejones
que tenemos que cenar?
Indagué en un lupanar
pero no los encontré.
No es más ciego el que no ve,
es quien no sabe mirar.
Y después de este dislate
me cubriré de lirismo,
que no hay mayor espejismo
que escribir un disparate.
¡Fomentemos el debate
por la lírica servida:
sin poemas ya no hay vida,
y sin vida ya no hay ser!
¿Por qué tengo que ceder
a una vida ya extinguida?
Tras expresar mi lamento
contaré una bella historia
que pretende ser la gloria
de un sublime testamento.
Pero, por más que lo intento,
esa historia no me sale:
¡Ay, Churrete, ya te vale!
La de poemas que hacías,
incluso cuando dormías...
¡Mereces que te apuñale!
CHU
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