Poema IV

Eleanis

Poeta recién llegado
Y quemando el libro de los 43 días,
En la esquina de su mirada,
Fui testigo del funeral de mis horas...
Pensé en rosas, pero tenían que ser orquídeas
Nada personal.
Olvidando que después del entierro
La muerte vendría,
Pedí un café cargados de atardeceres.
Crucé la avenida de su cadera,
Y en el descendente silencio,
Que emanan de sus manos,
Más allá de la sombra de la bandera,
Si, de esa que ondea al compás del verso,
La culpa que esperaba al doblar de su corazón
Por fin susurró,
Vestida de furia, con sus encajes negros,
Y voz desgarrada salpicada de pecados
Replicó:
Yo también me he enamorado.
 
Y quemando el libro de los 43 días,
En la esquina de su mirada,
Fui testigo del funeral de mis horas...
Pensé en rosas, pero tenían que ser orquídeas
Nada personal.
Olvidando que después del entierro
La muerte vendría,
Pedí un café cargados de atardeceres.
Crucé la avenida de su cadera,
Y en el descendente silencio,
Que emanan de sus manos,
Más allá de la sombra de la bandera,
Si, de esa que ondea al compás del verso,
La culpa que esperaba al doblar de su corazón
Por fin susurró,
Vestida de furia, con sus encajes negros,
Y voz desgarrada salpicada de pecados
Replicó:
Yo también me he enamorado.

Que suerte tengo, este es el segundo poema tuyo que he leído y la verdad, tienes unas hermosas metáforas. Creo que por ser nueva aquí estas un poco perdida, este foro es para una poesía en la que varios poetas poetizan sobre un mismo titulo. En el otro poema que te leí lo ubicaste en el foro para poesía clásica y tu poema no es clásico sino en verso libre. Lo mas probable es que algún moderador te los mueva al foro para poemas de amor, que a mi entender es a donde pertenecen pues son muy bonitos y románticos. Te dejo mil besos.
 
Y quemando el libro de los 43 días,
En la esquina de su mirada,
Fui testigo del funeral de mis horas...
Pensé en rosas, pero tenían que ser orquídeas
Nada personal.
Olvidando que después del entierro
La muerte vendría,
Pedí un café cargados de atardeceres.
Crucé la avenida de su cadera,
Y en el descendente silencio,
Que emanan de sus manos,
Más allá de la sombra de la bandera,
Si, de esa que ondea al compás del verso,
La culpa que esperaba al doblar de su corazón
Por fin susurró,
Vestida de furia, con sus encajes negros,
Y voz desgarrada salpicada de pecados
Replicó:
Yo también me he enamorado.
Me gusta como escribes amiga Eleanis, sensibles y bellas metáforas y una escritura firme e intensa en su objetivo. Me ha encantado este poema. Un abrazo. Paco.
 

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