Eleanis
Poeta recién llegado
Y quemando el libro de los 43 días,
En la esquina de su mirada,
Fui testigo del funeral de mis horas...
Pensé en rosas, pero tenían que ser orquídeas
Nada personal.
Olvidando que después del entierro
La muerte vendría,
Pedí un café cargados de atardeceres.
Crucé la avenida de su cadera,
Y en el descendente silencio,
Que emanan de sus manos,
Más allá de la sombra de la bandera,
Si, de esa que ondea al compás del verso,
La culpa que esperaba al doblar de su corazón
Por fin susurró,
Vestida de furia, con sus encajes negros,
Y voz desgarrada salpicada de pecados
Replicó:
Yo también me he enamorado.
En la esquina de su mirada,
Fui testigo del funeral de mis horas...
Pensé en rosas, pero tenían que ser orquídeas
Nada personal.
Olvidando que después del entierro
La muerte vendría,
Pedí un café cargados de atardeceres.
Crucé la avenida de su cadera,
Y en el descendente silencio,
Que emanan de sus manos,
Más allá de la sombra de la bandera,
Si, de esa que ondea al compás del verso,
La culpa que esperaba al doblar de su corazón
Por fin susurró,
Vestida de furia, con sus encajes negros,
Y voz desgarrada salpicada de pecados
Replicó:
Yo también me he enamorado.