pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Que mis versos sean un abrazo
donde reposes siempre
del viaje de tus cansadas partículas.
Descansa, Laika, descansa;
la conmemoración del 40 aniversario
de la Revolución Bolchevique
es ahora sólo lacre seco,
grana y rosáceo márchamo
perpetrado en la solapa de un buzón
que encierra sus memorias apolilladas;
ya no eres ni trofeo ni remembranza de los fastos,
vítores, clamores, soflamas a un imperio
del olvido de antaño,
y mi silencio empuñando respeto
y anhelando tu laso cuerpo en mi regazo.

Descansa, Laika, descansa,
y desciende
Desciende.
Por la rampa de mis versos
hasta el pequeño tiesto
en el jardín de mis honores
donde yazcas magna,
por encima de reyes
que el arbitrio va coronando
y emperadores;
ya no vuelen ni orbiten
tus fragmentos,
ni tu ladrido voraz
o las bocanadas de aire a cuarenta grados,
ni tus latidos graves
en la gelidez del suelo kazajo;
en mi memoria ecoica
el cosmódromo de Baikonur
y tu respiración, multiplicada por tres,
más doscientas cuarenta pulsaciones
de tensión en tu sangre
a mil kilómetros de altura sobre el Everest;
anudándote a la Tierra, un cascabel,
y tras la cuarta parte de un único día
enmudece
la telemetría
y tu inmenso silencio, Laika,
nace hasta hoy.
Baja.
Que mis brazos abiertos
desde sus muñecas hasta mis clavículas,
por el filo rojo y descarnado de mis arterias
sesgadas en llanto y abiertas, extensas,
tus cenizas irán recogiendo,
tornando mi sangre negra
y tiznando mi blanca rosa con el carbón
de tu hocico respingón y azabache;
a ti los tiendo
como inmensos aeropuertos
para que el polvo cósmico que te mece,
te acuna y adormece,
por fin aterre
la conciencia impávida del hombre,
y que mi sangre escupida al mundo en torrente,
como río, fluya sabiamente;
allá tus briznas americen
como en la rocosa cresta de mi espalda
amara en la recia tarde
la seda crestada del viento nordés,
cuando propaga tus ladridos sin eco
por la pendiente y espada de mi médula
desde el pretérito, en un alejado otoño,
por el que cumples este tres de noviembre
unos tres años...
más cincuenta y seis.
Regresa, Laika, regresa.
No vengas sola, pequeña.
Muy cerca de la mayestática atmósfera
que os sembró y os recoge
y a todos nos iguala en asperso polvo
y en el derivar, como cóndores en suspenso,
donde tú y yo seremos lo mismo
y al mismo tiempo,
engarza en la mansedumbre de sus cuellos
y de tu propia rienda
a Dezik y Lisa,
Lisichka, Chaika,
Pchyolka y Mushka,
Dzhoyna, Ryzhaya,
Lisa-2 y Bulba,
Pushok, Palma,
y tú, al frente, Kudryavka.

Levantando de las auras del cielo
las corrientes que os devuelvan,
ruborizando las mejillas del firmamento
con el sonrojo a vuestro regreso,
abanicando el crepúsculo
que antaño os saludó tempranero,
¡regresad del hielo orbital
en las bridas de mis líneas y mi trineo!
Acariciando las copas de la estepa,
de los árboles y las riscadas lomas,
al sur de la taiga,
al sobrevuelo de las heladas dunas y mesetas.

Descansa, Laika, descansa,
que mis uñas arañan sigilosas
la tierra de tu frente,
no para despertarte, sí para honrarte;
sigue viajando
otros ciento cincuenta y siete
eternos días
en la órbita de tu confinado sueño.
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