pablo7972
Poeta que considera el portal su segunda casa
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Y yo buscaré en las hendiduras del tiempo
un pasillo que me acerque al cronovisor
destronado de las quimeras y la ficción,
y conminarlo verdadero
con el conjuro de mi creación;
el ojo sublime de Dios hecho cierto,
y viajar, navegar, cincunvalar la frontera
de la vida y sus linderos,
la autarquía del tiempo.

Y jurar.
Ver.
Y después de contemplar la Cruz, creer.
Sputnik II.
El pasajero.
A bordo.
Te encuentro.
Mojón y pretil
en mi viaje del tiempo.
Yo libero tus correajes, yo limpio
tu fino cuerpo.
Yo beso tus ojos, yo humedezco
tu hocico.
Yo acicalo tus oídos, yo oreo
tus pulmones.
Yo masajeo tu corazón, yo desentumezco
tu anquilosamiento.
Yo te abrazo
y soy tu abrigo,
inhalo tu frío
y exhalo frío a tu quemazón.
Yo te pido perdón.
Yo te pido perdón.
Yo te pido perdón.

Y me entierro contigo.
A 1000 km de mi extraña raza.
Tu “sputnik”, tu compañero,
espiado junto a ti
por el ojo nublado del cronovisor,
por mi sagrado teorema
y la resquebradura de la ciencia,
tú y yo.

Belka Strelka
Cronovisor, máquina que permitiría captar imágenes del pasado. El Padre Ernetti afirmaba haber podido contemplar eventos tan lejanos como la fundación de Roma en el 753 a. C. o la destrucción de Sodoma y Gomorra; gracias al uso del aparato Ernetti dijo poder recomponer el texto original de las Tablas de la Ley de Moisés, así como el Thyestes de Quinto Ennio. También afirmó haber captado una imagen de Jesucristo durante su calvario en la cruz.
Y yo buscaré en las hendiduras del tiempo
un pasillo que me acerque al cronovisor
destronado de las quimeras y la ficción,
y conminarlo verdadero
con el conjuro de mi creación;
el ojo sublime de Dios hecho cierto,
y viajar, navegar, cincunvalar la frontera
de la vida y sus linderos,
la autarquía del tiempo.

Y jurar.
Ver.
Y después de contemplar la Cruz, creer.
Sputnik II.
El pasajero.
A bordo.
Te encuentro.
Mojón y pretil
en mi viaje del tiempo.
Yo libero tus correajes, yo limpio
tu fino cuerpo.
Yo beso tus ojos, yo humedezco
tu hocico.
Yo acicalo tus oídos, yo oreo
tus pulmones.
Yo masajeo tu corazón, yo desentumezco
tu anquilosamiento.
Yo te abrazo
y soy tu abrigo,
inhalo tu frío
y exhalo frío a tu quemazón.
Yo te pido perdón.
Yo te pido perdón.
Yo te pido perdón.

Y me entierro contigo.
A 1000 km de mi extraña raza.
Tu “sputnik”, tu compañero,
espiado junto a ti
por el ojo nublado del cronovisor,
por mi sagrado teorema
y la resquebradura de la ciencia,
tú y yo.

Belka Strelka
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