Alan Rosas
Poeta recién llegado
¿Quién es esta mujer hermosa
como la luna llena,
pura como el sol relumbrante,
imponente como compañías reunidas
entorno de pendones?
Déjeseme levantarme,
por favor, y dar la vuelta
por la cuidad;
en las calles
y en las plazas públicas.
Déjeseme buscar,
a la que mi alma ha amado.
Porque en mi cama
durante en las noches he buscado,
a la que mi alma ha amado.
Puede haber sesenta reinas,
y ochenta concubinas,
y doncellas sin número.
Pero, he deseado
apasionadamente su sombra,
y ahí me he sentado,
y su fruto ha sido
dulce a mi paladar.
Porque, una sola hay
que es mi paloma,
mi inculpable.
Una sola hay
que pertenece a su madre.
Es la pura de aquella
que la dio a luz.
¡Mira! Eres hermosa,
oh compañera mía.
¡Mira! Eres hermosa.
Tus ojos son de palomas.
Eres del todo hermosa,
oh compañera mía,
y no hay defecto en ti.
¡Mira! Eres hermosa,
oh compañera mía.
¡Mira! Eres hermosa.
Tus ojos son de palomas,
detrás de tu velo.
Tu cabellera es como
hato de cabras.
Como gajo de granada
son tus sienes
detrás de tu velo.
Tus labios,
son justamente
como un hilo escarlata,
y tu hablar es ameno.
Tu palabra
es pura dulzura,
y todo lo referente a ti
es enteramente deseable.
Tus expresiones de cariño
son mejores que el vino.
De veras mencionemos
tus expresiones de cariño
mas que el vino.
Sus labios son lirios
que gotean mirra liquida.
Porque, como aceite
que se derrama es tu nombre.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Tus dientes,
son como hato de ovejas
recién esquiladas
que han subido del lavado,
todas de las cuales
paren gemelos,
sin que ninguna entre ellas
haya perdido sus crías.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Sus mejillas,
son como un cuadro
de jardín de especias,
torres de hierbas aromáticas.
Oh hermosísima
entre las mujeres,
gratas a la vista
son tus mejillas,
entre las trenzas
que se hilan
cuando los aires juguetean
con tus lizos cabellos.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Tu cuello,
es como la torre de David,
edificada en series
de piedras,
en la cual están colgadas
mil escudos,
todos los escudos circulares
de los hombres poderosos.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Sus manos,
son cilindros de oro,
llenos de crisólito.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Su abdomen,
es una lámina de marfil
cubierta de zafiros.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Sus piernas,
son como columnas
de mármol
fundadas en pedestales
con encajaduras,
de oro refinado.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
Su apariencia,
es como el Líbano,
selecta como los cedros.
Y no hay defecto en ti,
eres enteramente deseable.
¿Ya dije que sus ojos
son como palomas
junto a los canales de agua,
que están bañándose en leche,
asentadas dentro de los cercos?
Tengo en claro
que no hay defecto alguno,
en ti.
Cuan hermosa eres,
oh amada mía.
Las hijas te han visto,
y procedieron
a pronunciarte feliz;
reinas y concubinas,
y procedieron a alabarte.
Porque eres
como un lirio
entre yerbajo espinoso,
así es mi compañera
entre las hijas.
Y yo,
un simple azafrán
de la llanura costanera soy,
un lirio
en las llanuras bajas.
¡Vuelve, vuelve,
para que te contemple!
Ven,
oh compañera mía,
hermosa mía, y vente.
Conmigo desde el Líbano,
conmigo desde el Líbano
dígnate venir.
Dígnate descender
desde la cima del Antilíbano
desde la cima de Senir,
aun de Hermón,
desde los albergues
de los leones,
desde las montañas
de los leopardos.
Oh paloma mía
en los retiros del peñasco,
en el lugar oculto
del camino escarpado,
muéstrame tu forma,
déjame oír tu voz,
pues tu voz es placentera
y tu forma es grata
a la vista.
Atráeme contigo;
corramos,
de veras estemos
gozosos y regocijémonos,
en ti.
Hasta que respire el día
y hayan huido las sombras.
Has hecho latir mi corazón,
oh hermana mía, novia mía,
has hecho latir mi corazón
con un colgante de tu collar,
con uno de tus ojos...
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