Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya de canas se ha vestido mi cabeza,
entre surcos de una calva prominente,
las arrugas son diademas en mi frente
que hacen juego a mi papada cuasiobesa.
Mi bastón —de cuatro patas— se tropieza
con la silla que me mece complaciente
y un estado de letargo permanente
hace ver que avanza rauda mi torpeza.
Con mis gafas (que parecen dos faroles)
ilumino lo que queda de mi mundo,
a ratitos, cuando el sueño no es profundo.
A pesar de mis achaques les confieso
que estoy fuerte y según dice mi doctora
mi 'amiguito' sigue vivo, ¡por ahora!
Última edición: