Andreas
Poeta adicto al portal
Por cuatro monedas
Era cuando el día de largo se acaba
y la noche pronta abre sus ventanas,
la luna bosteza sobre una almohada
de pinos y nubes, de obscuras montañas.
Caminaba infante con cabeza gacha,
y en hondos bolsillos, diez migas de hogaza,
sus zapatos eran como cachetadas
de lenguas de cuero sobre calle llana,
en escaso abrigo un hueco sin lana,
escoltaba el saco que poco abrigaba.
Pantalones cortos con sus cuatro rajas
donde el frío cuela reducidas dagas,
hilachas caían de camisa larga,
que por no ser fuerte parecía flaca.
Poco temblorosa, ya su enjuta cara,
que de conmociones se encontraba falta.
Sus ojos pendían de cuencas profanas,
por la pena oscura que sembró desgracia.
Un bandido viejo despojó su casa,
por cuatro monedas asestó a su ama,
dejando un testigo con vil puñalada,
de las que no sangran, pero herida causan.
Niño que, de ocho abriles sin pausa,
con vida y sin ella odia la mañana,
los sueños perdidos, siente cual escarcha,
de pequeño, adulto, la injusticia amasa.
En sus calcetines que ignoran el agua
las manchas en grupo parecen pegadas,
el suelo lo besa, a quien no reclama
la pena al malvado, por negra venganza.
03/19
Andreas.
Reservados todos los derechos de autor.
Era cuando el día de largo se acaba
y la noche pronta abre sus ventanas,
la luna bosteza sobre una almohada
de pinos y nubes, de obscuras montañas.
Caminaba infante con cabeza gacha,
y en hondos bolsillos, diez migas de hogaza,
sus zapatos eran como cachetadas
de lenguas de cuero sobre calle llana,
en escaso abrigo un hueco sin lana,
escoltaba el saco que poco abrigaba.
Pantalones cortos con sus cuatro rajas
donde el frío cuela reducidas dagas,
hilachas caían de camisa larga,
que por no ser fuerte parecía flaca.
Poco temblorosa, ya su enjuta cara,
que de conmociones se encontraba falta.
Sus ojos pendían de cuencas profanas,
por la pena oscura que sembró desgracia.
Un bandido viejo despojó su casa,
por cuatro monedas asestó a su ama,
dejando un testigo con vil puñalada,
de las que no sangran, pero herida causan.
Niño que, de ocho abriles sin pausa,
con vida y sin ella odia la mañana,
los sueños perdidos, siente cual escarcha,
de pequeño, adulto, la injusticia amasa.
En sus calcetines que ignoran el agua
las manchas en grupo parecen pegadas,
el suelo lo besa, a quien no reclama
la pena al malvado, por negra venganza.
03/19
Andreas.
Reservados todos los derechos de autor.
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