Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con mi soledad a cuesta, te quiero. Sin una sombra que muerda el orgullo, el porvenir la quietud y por esas cosas sin dueño te espero, en un sitio remoto, a cualquier principio
te observo, lentitud de mi espera muerta, entre los techos sonoros de la noche, te quiero a veces sin un nombre, lenta mariposa, entre las costras que humean nuestro círculo clavado con rincones de ciegas bandadas, entre canoas que romperán la verde mansedumbre de los paseantes humbrosos vendrán una noche como aquí, lejana de nosotros a recuperar tu amor como los dulces besos que se pierden sin destino. Luego el franco amanecer bullirá en los ventisqueros y un estertor de sombra para grabar tu torso en los manuscritos eternos, entonces alguien como tú los leerá una tarde, sin regazos ni perdón y sabrá que fuimos una forma de amor en las nieves de la Santa Cruz de los vientos sureños.
te observo, lentitud de mi espera muerta, entre los techos sonoros de la noche, te quiero a veces sin un nombre, lenta mariposa, entre las costras que humean nuestro círculo clavado con rincones de ciegas bandadas, entre canoas que romperán la verde mansedumbre de los paseantes humbrosos vendrán una noche como aquí, lejana de nosotros a recuperar tu amor como los dulces besos que se pierden sin destino. Luego el franco amanecer bullirá en los ventisqueros y un estertor de sombra para grabar tu torso en los manuscritos eternos, entonces alguien como tú los leerá una tarde, sin regazos ni perdón y sabrá que fuimos una forma de amor en las nieves de la Santa Cruz de los vientos sureños.