David Bernal
Poeta recién llegado
Cae un sol helado sobre tierras castellanas.
Limpido el cielo de miasmas, nubes y aviones.
Cosido por los cables de los postes.
Y como agujas negras penetrandolo las aves.
Cubre las ilusiones, desventuras y temores.
Que turban el alma a los humanos.
Tiembla la hoja del acebo mecida por el viento.
Y con el tiento de una madre amamantando a su cachorro.
El azul acompasado de tus iris fulgurantes.
Tranquiliza el vendaval de pensamientos de mi insomnio.
Las fabricas duermen los obreros descansando.
Yo pensando el valor de cosas que ni entienden.
Legiones de mariposas estrellando los cristales.
Recordando suicidas, lo fragiles que somos.
Ya las luces del ocaso se filtran como neones.
Los corazones laten tambores de entierro.
En mi pecho esta saeta triste hincada.
Parece arrancarse, mirando ese cielo.
Donde está el camino entre los setos grises.
La brecha en la que hurgar con mi cuchillo.
Apuñalar el negro de la noche.
Hasta hacer finalmente, brotar el amarillo.
Limpido el cielo de miasmas, nubes y aviones.
Cosido por los cables de los postes.
Y como agujas negras penetrandolo las aves.
Cubre las ilusiones, desventuras y temores.
Que turban el alma a los humanos.
Tiembla la hoja del acebo mecida por el viento.
Y con el tiento de una madre amamantando a su cachorro.
El azul acompasado de tus iris fulgurantes.
Tranquiliza el vendaval de pensamientos de mi insomnio.
Las fabricas duermen los obreros descansando.
Yo pensando el valor de cosas que ni entienden.
Legiones de mariposas estrellando los cristales.
Recordando suicidas, lo fragiles que somos.
Ya las luces del ocaso se filtran como neones.
Los corazones laten tambores de entierro.
En mi pecho esta saeta triste hincada.
Parece arrancarse, mirando ese cielo.
Donde está el camino entre los setos grises.
La brecha en la que hurgar con mi cuchillo.
Apuñalar el negro de la noche.
Hasta hacer finalmente, brotar el amarillo.
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