Alan Rosas
Poeta recién llegado
En vela. Mi soñar mío empieza,
al borde de tu cuerpo,
arropado con aquellas sabanas tibias.
Están las estrellas de testigo,
y la luna de espía… te espía.
Los rumos de las damas cristalinas,
en tus ojos mimados,
es mi avidez propia.
Curvas sensuales de labios prohibidos,
besos donde el olvido no se fía,
y rubor que titila un irradiar,
de soles consigo.
Mis recuerdos de los ayeres contigo
fueron tan efímeros
Pero yacer contigo
da de gran innato,
el no envilecer,
o caer en acogedora tentación.
Así por eso,
quiero que la muerte me sonría
y tras de mí la vida ira.
Y tú con ella…
al borde de tu cuerpo,
arropado con aquellas sabanas tibias.
Están las estrellas de testigo,
y la luna de espía… te espía.
Los rumos de las damas cristalinas,
en tus ojos mimados,
es mi avidez propia.
Curvas sensuales de labios prohibidos,
besos donde el olvido no se fía,
y rubor que titila un irradiar,
de soles consigo.
Mis recuerdos de los ayeres contigo
fueron tan efímeros
Pero yacer contigo
da de gran innato,
el no envilecer,
o caer en acogedora tentación.
Así por eso,
quiero que la muerte me sonría
y tras de mí la vida ira.
Y tú con ella…
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