Tomaba del aire lo más purulento
y agresivo de las palabras altisonantes
confundiendo predicadores con donantes
y sanguijuela con macilento.
Los pregoneros de la muerte
se toparon con Caronte
gritando: “Despabila, reponte”
a lo más turbio de su suerte.
Charlas a voz en cuello
consigo mismos, enloquecidos.
Tienen sus instintos esparcidos
entre lo aberrante y lo bello.
Aquellos que buscan timar
por un simple hecho alterno,
los llamo “Pregoneros del averno”
ya que quieren a todo lastimar.
Aquel que se refugia en el anonimato
para esparcir su ponzoña
es un ave de carroña
dispuesta a ensuciar cualquier plato.
y agresivo de las palabras altisonantes
confundiendo predicadores con donantes
y sanguijuela con macilento.
Los pregoneros de la muerte
se toparon con Caronte
gritando: “Despabila, reponte”
a lo más turbio de su suerte.
Charlas a voz en cuello
consigo mismos, enloquecidos.
Tienen sus instintos esparcidos
entre lo aberrante y lo bello.
Aquellos que buscan timar
por un simple hecho alterno,
los llamo “Pregoneros del averno”
ya que quieren a todo lastimar.
Aquel que se refugia en el anonimato
para esparcir su ponzoña
es un ave de carroña
dispuesta a ensuciar cualquier plato.
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