Arthi
Poeta recién llegado
He pensado en ti últimamente.
En las noches, cuando mis lánguidos parpados están a punto de sucumbir ante el asedio del sueño; te veo en mi habitación.
Frente a mí, una fina neblina se eleva desde el suelo y poco a poco se va condensando hasta formar las suaves curvas que delimitan tu cuerpo.
Pronto caminas hacia mí, y tu pálido rostro a penas se vislumbra con la escasa luz lunar, que se abre paso entre la espesa obscuridad, te acercas un tanto más, y la pulcra manta que esconde tu inmaculada desnudes, es todo mi panorama ahora. Estas parada, al pie de la cama: bella, hermosa; mirándome fijamente a los ojos y con los labios dispuestos a amar cual si no hubiese mañana.
Sorprendido, y con el corazón desesperadamente palpitando, me paro lentamente y cauto me acerco a ti; quedo parado, a un paso de distancia, y mis ojos te contemplan tiernamente: ¡eres tu! Y no lo puedo creer, mi alma se regocija de felicidad y al acercar mi mano para acariciarte desvaneces en un instante, para convertirte en un fugaz soplo de viento que se escapa rozando sutilmente mi cabello.
En las noches, cuando mis lánguidos parpados están a punto de sucumbir ante el asedio del sueño; te veo en mi habitación.
Frente a mí, una fina neblina se eleva desde el suelo y poco a poco se va condensando hasta formar las suaves curvas que delimitan tu cuerpo.
Pronto caminas hacia mí, y tu pálido rostro a penas se vislumbra con la escasa luz lunar, que se abre paso entre la espesa obscuridad, te acercas un tanto más, y la pulcra manta que esconde tu inmaculada desnudes, es todo mi panorama ahora. Estas parada, al pie de la cama: bella, hermosa; mirándome fijamente a los ojos y con los labios dispuestos a amar cual si no hubiese mañana.
Sorprendido, y con el corazón desesperadamente palpitando, me paro lentamente y cauto me acerco a ti; quedo parado, a un paso de distancia, y mis ojos te contemplan tiernamente: ¡eres tu! Y no lo puedo creer, mi alma se regocija de felicidad y al acercar mi mano para acariciarte desvaneces en un instante, para convertirte en un fugaz soplo de viento que se escapa rozando sutilmente mi cabello.