Mi claustro fue firmado en los edictos.
Es su jardín marchito calabozo.
Arena como el fondo de mi pozo.
De su sed mis insomnios son adictos.
Mis días son la fila de convictos
que giran sin sentido y sin reposo.
Satinan de las piedras cada trozo
sin socavar siquiera sus conflictos.
Un cielo sin estrella que me oriente
me aplasta con su dieta ruin, precaria.
Mi boca sí es un sitio maloliente.
Y rayo la pared imaginaria
con la monotonía de una mente
cuya muerte es su principal usuaria.
Última edición: