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Primaveral

musador

esperando...
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
Mucho me temo, amigo Jorge, que mi nivel de comprensión está muy por debajo del nivel de tu soneto. Aún así, quiero dejar aquí mi huella, pues su calidad es indiscutible.

Abrazos.
 
Mucho me temo, amigo Jorge, que mi nivel de comprensión está muy por debajo del nivel de tu soneto. Aún así, quiero dejar aquí mi huella, pues su calidad es indiscutible.

Abrazos.
La vida urbana, estimado, nos hace muchas veces ciegos. No miramos al cielo, no distinguimos un gorrión de una paloma, no sabemos cuándo florece y qué flores da el árbol que está en la puerta. En el colmo, no vemos las lágrimas de nuestra amada. Ese es el tema de este soneto, expresado de manera llana o retorcida.
gracias y abrazo
Jorge
 
Musador, Mundopoeta:
Un excelente soneto, de veras.
Ahora, con respecto a lo que dices es cierto.
También es cierto que a veces al encerrarnos en nuestro mundo
interior no nos afecta lo que pasa fuera de él.
Abrazos.
 
La vida urbana, estimado, nos hace muchas veces ciegos. No miramos al cielo, no distinguimos un gorrión de una paloma, no sabemos cuándo florece y qué flores da el árbol que está en la puerta. En el colmo, no vemos las lágrimas de nuestra amada. Ese es el tema de este soneto, expresado de manera llana o retorcida.
gracias y abrazo
Jorge
Gracias Jorge, por la explicación. Ahora ya lo veo de otra forma.

Abrazos.
 
Entre Beatus ille y Locus amoenus desfilan tus bellos endecasílabos hasta sumar catorce. No sabemos apreciar lo que tenemos, incluyendo a los omnipresentes microplásticos. Bello soneto. Luis
 
Musador, Mundopoeta:
Un excelente soneto, de veras.
Ahora, con respecto a lo que dices es cierto.
También es cierto que a veces al encerrarnos en nuestro mundo
interior no nos afecta lo que pasa fuera de él.
Abrazos.
La verdad es que no creo mucho en ese «mundo interior», sin espejos... solo elegimos el método de la alienación.

gracias y abrazo
j.
 
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

Para mí esto resume el soneto, aunque hay una advertencia que puede parecer más personal en el último terceto.

Si me permites la reflexión tras leer tu soneto.
Hay quién no encuentra belleza, pero es peor quién ni siquiera la busca.

Me gustó mucho.

Saludos.
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
Ciertamente, puede ser dificil recordar lo bello.

Buen soneto.
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
Un soneto precioso. Gran placer leerte.
Un abrazo.
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.


¡Jorge!, cómo me alegra volver a ver tu poesia en toda su belleza, en este caso me he quedado prendada de los cuartetos, los versos son como bocanadas de vida y ademas cuenta la verdad, es cierto...A veces la sensación de no volver a ver esa belleza nos hace enamorarnos de la vida y de todo eso que habíamos dejado de ver, de oír, de disfrutar.
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

¡¡Menudo comienzo!!...
Me ha gustado mucho. Felicidades.
Un abrazo.
Isabel
 
Entre Beatus ille y Locus amoenus desfilan tus bellos endecasílabos hasta sumar catorce. No sabemos apreciar lo que tenemos, incluyendo a los omnipresentes microplásticos. Bello soneto. Luis
Más allá del latinazgo, lo del desfile de endecasílabos lo leo como una velada, y posiblemente justa, crítica a este soneto: su falta de unidad. El segundo terceto aparece deshilvanado; quise rendir homenaje aquí a una cierta tradición del soneto, en la que, hablemos de lo que hablemos, en última instancia siempre hablamos de amor; por eso ese terceto aparece como un envío amoroso, discordante con el resto. Logrado o no, eso es lo que intenté. No tengo idea de si te referías a esto, la verdad, pero bien valga tu comentario como pretexto para mi aclaración.

gracias y abrazo, querido Luis
Jorge
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.

Me ha gustado tu poema sobre la primavera.
Es por lo que dices que me fui de Bs.As.
Aunque aquí hace frío, ya se empiezan a notar los primeros brotes.

En las calles cita-dinas no se mira, no se ve, no se nota, la cabeza esta en otra cosa
y no hay tiempo que perder.
No miramos el cielo porque los cubren los humos negro y el de los otros.-
Saludos cordiales.-
 
Para mí esto resume el soneto, aunque hay una advertencia que puede parecer más personal en el último terceto.

Si me permites la reflexión tras leer tu soneto.
Hay quién no encuentra belleza, pero es peor quién ni siquiera la busca.

Me gustó mucho.

Saludos.
Sí, ya he comentado en mi respuesta a Willow lo del envío amoroso en el segundo terceto. Hay quien no ve, sí, pero peor es el que no mira.

gracias y abrazo
Jorge
 
Seguramente tú, querida Isabel, a quien tanto le gusta la fotografía, debes conocer el arte de mirar. A veces mirar requiere conocer: cambia la manera en que miramos cuando conocemos íntimamente al objeto. A mí me pasa que soy mejor para «ver» la foto que para obtenerla (en lo que soy decididamente malo). Conocer para mirar, mirar para conocer, y buscar la belleza en lo natural: una filosofía... Que la primavera no nos sea indiferente...

gracias y abrazo
Jorge

¡Jorge!, cómo me alegra volver a ver tu poesia en toda su belleza, en este caso me he quedado prendada de los cuartetos, los versos son como bocanadas de vida y ademas cuenta la verdad, es cierto...A veces la sensación de no volver a ver esa belleza nos hace enamorarnos de la vida y de todo eso que habíamos dejado de ver, de oír, de disfrutar.
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

¡¡Menudo comienzo!!...
Me ha gustado mucho. Felicidades.
Un abrazo.
Isabel
 
Me ha gustado tu poema sobre la primavera.
Es por lo que dices que me fui de Bs.As.
Aunque aquí hace frío, ya se empiezan a notar los primeros brotes.

En las calles cita-dinas no se mira, no se ve, no se nota, la cabeza esta en otra cosa
y no hay tiempo que perder.
No miramos el cielo porque los cubren los humos negro y el de los otros.-
Saludos cordiales.-
Bueno, te diré que Buenos Aires es una linda ciudad, con bastante verde, y ese hermoso río al que por desgracia suele darle la espalda. Pero es cierto que la ciudad impone un ritmo al que es difícil escapar: basta viajar un rato en subte para olvidar la primavera.

Sí, por acá ya han florecido los fresnos.

gracias y abrazo
Jorge
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
Precioso, Jorge, amén de perfecto, a mi juicio, en todos sus ritmos.
Me recordaste la frase aquella que dice: La vida es todo aquello que pasa a nuestro lado mientras estamos ocupados en otras cosas.
Un fuerte abrazo, querido amigo.
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.
Que hermoso soneto!
Me haces reflexionar del tiempo y como hay cosas que se van y en este tiempo ya no vuelven, me recuerdo cuando era niño y habían más parques y escucha la voz de mis amigos cosa que hoy no puedo sentir y siento una gran soledad por dentro...

Saludos Salvador.
Anthony
 
Precioso, Jorge, amén de perfecto, a mi juicio, en todos sus ritmos.
Me recordaste la frase aquella que dice: La vida es todo aquello que pasa a nuestro lado mientras estamos ocupados en otras cosas.
Un fuerte abrazo, querido amigo.
La desgracia es enmendarla escribiendo: «La vida fue todo aquello que pasó a nuestro lado mientras estábamos ocupados en otras cosas».

gracias y abrazo, José
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.

¡Hola, querido Jorge! Qué fácil es rodar como ruedan los cantos del río, avanzando sin tiempo, detenidos al fin y al cabo. Qué difícil es saltar a la ribera y contemplar el río desde fuera y sentir el vértigo de saberse vivo. Hermoso poema que pone sobre la mesa la ceguera en la que caemos una y otra vez. La poesía, quizá, sea un buen ejercicio para motivar a ese explorador de mundos que todos llevamos dentro.
El cierre que le has dado es una maravilla... Un último giro que humaniza y consigue elevar el poema en grado sumo.
Justamente estaba empezando a escribir un poema acerca de la tristeza. Hace poco escribí uno que se titulaba «feliz». De pronto me di cuenta que el archivo de texto en el que estaba volcando el poema "triste" se titulaba feliz_definitivo.doc. Y así es, una corteza alegre no quita a una pulpa amarga.
Espero que todo bien, compañero.
¡Abrazos!
 
Que hermoso soneto!
Me haces reflexionar del tiempo y como hay cosas que se van y en este tiempo ya no vuelven, me recuerdo cuando era niño y habían más parques y escucha la voz de mis amigos cosa que hoy no puedo sentir y siento una gran soledad por dentro...

Saludos Salvador.
Anthony
La belleza, la vida de la naturaleza, nos ayudan a salir del cerco de la soledad, estimado Anthony. Lástima si no la miramos...

gracias y abrazo
Jorge
 
¡Hola, querido Jorge! Qué fácil es rodar como ruedan los cantos del río, avanzando sin tiempo, detenidos al fin y al cabo. Qué difícil es saltar a la ribera y contemplar el río desde fuera y sentir el vértigo de saberse vivo. Hermoso poema que pone sobre la mesa la ceguera en la que caemos una y otra vez. La poesía, quizá, sea un buen ejercicio para motivar a ese explorador de mundos que todos llevamos dentro.
El cierre que le has dado es una maravilla... Un último giro que humaniza y consigue elevar el poema en grado sumo.
Justamente estaba empezando a escribir un poema acerca de la tristeza. Hace poco escribí uno que se titulaba «feliz». De pronto me di cuenta que el archivo de texto en el que estaba volcando el poema "triste" se titulaba feliz_definitivo.doc. Y así es, una corteza alegre no quita a una pulpa amarga.
Espero que todo bien, compañero.
¡Abrazos!
¡Andreas! ¿Cómo andas? ¿Esos retoños?
Linda imagen la del rodar del canto. Mirar mientras se rueda... El terceto final es un envío amoroso, muy de estilo en los sonetos, como comenté antes. Tanto que hablar de las cáscaras y las pulpas...

abrazos
Jorge
 
Pasamos por el mundo y su riqueza
con el torvo mirar en la calzada
sin advertir la forma en que la nada
nos pervierte el lugar de la belleza.

No encontramos la flor en la maleza
y apuramos el remo hasta la rada,
sin danzar con las olas en la alada
savia del mar que orla su corteza.

¡Cómo cambian las nubes en el cielo!
¡Cómo reluce el verde de las hojas!
¡Cómo sueñan las aves en su vuelo!

No quisiera dejar que tus congojas
quedaran ignoradas, sin consuelo,
junto a la primavera en que te alojas.

La vida se renueva en cada primavera, aunque el otoño también puede ser una segunda primavera.

Salud y ventura.
 

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