Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Partió la princesa de la fantasía
al mágico mundo de la eternidad,
llevando consigo su tierna alegría,
su aroma, su aliento, su paz, su bondad.
La faz de los cielos por su alma pedía,
vertiendo lloviznas de amor y ansiedad,
designio divino del sol que quería
hacerla su reina, su amor, su deidad.
Coronada Diosa del reino dorado
tejió con las nubes alfombras de paz
vistiendo la luna del zarco planeta.
Despide en las tardes al enamorado,
volviendo a la tierra su estela fugaz
y en mágica musa seduce al poeta.
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