Ya me conoces. Sabes cuando miento
oculto en otra voz de luz remota,
de aparente sosiego cuando flota
lo que a mis ojos es remordimiento.
Mis hojas abandonan tu sarmiento
porque saben que allí ya nada brota.
Mastican ecos de una alianza rota.
Su trozo preferido es de escarmiento.
Mi latido de tu silencio es presa
y aunque intento lidiar con otras taras
la sensación de culpa sale ilesa.
Aquel presagio así se impuso en aras
del sino que dejó de ser promesa
mucho antes de que tú me lo insinuaras.
Última edición: