musador
esperando...
Dicen que impera la moda
entre poetas del foro
de dar, con poco decoro,
versos al ordenador.
Quedan hechos con primor
del mejor arte canoro.
En esto de contar sílabas
se han creído la patraña
de que el asunto es hazaña
que puede hacer un cualquiera
conociendo la somera
imagen de su maraña.
Programar es cosa seria
sabiendo de qué se trata,
y el que no sabe nos mata
con piedritas de colores
coloreando los amores
de los versitos en lata.
Qué cosa que da tristeza...:
antaño era la poesía
con su ritmo y armonía
vida de los ideales,
hoy la arrastran por barriales
junto con la porquería.
¿El oído? ¿Para qué?
Basta con un reglamento
para quedarse contento
con hiatos y sinalefas,
¡qué me importa que hagan befas
de cómo mis versos cuento!
Os lo diré con confianza:
algo de métrica entiendo,
programando soy tremendo,
y tengo claro el dislate
que comete aquel que trate
de gozar lo que es horrendo.
Horrendo es poner tu lengua
con tu sueño en la fritura
de un bicho que la tritura
con reglas que desconoces,
parando luego las coces
a tu oído en la tortura.
entre poetas del foro
de dar, con poco decoro,
versos al ordenador.
Quedan hechos con primor
del mejor arte canoro.
En esto de contar sílabas
se han creído la patraña
de que el asunto es hazaña
que puede hacer un cualquiera
conociendo la somera
imagen de su maraña.
Programar es cosa seria
sabiendo de qué se trata,
y el que no sabe nos mata
con piedritas de colores
coloreando los amores
de los versitos en lata.
Qué cosa que da tristeza...:
antaño era la poesía
con su ritmo y armonía
vida de los ideales,
hoy la arrastran por barriales
junto con la porquería.
¿El oído? ¿Para qué?
Basta con un reglamento
para quedarse contento
con hiatos y sinalefas,
¡qué me importa que hagan befas
de cómo mis versos cuento!
Os lo diré con confianza:
algo de métrica entiendo,
programando soy tremendo,
y tengo claro el dislate
que comete aquel que trate
de gozar lo que es horrendo.
Horrendo es poner tu lengua
con tu sueño en la fritura
de un bicho que la tritura
con reglas que desconoces,
parando luego las coces
a tu oído en la tortura.
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