Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sentado a la mesa
de la terraza de un café,
con un vaso de limón en la mano,
ha caído sobre mí la hoja,
arrugada y seca,
de uno de los árboles de la plaza.
No ha cumplido las expectativas,
en pleno verano se ha desprendido,
lejos todavía del otoño
que, tal vez, le habían prometido.
En la plaza, con un palo,
eterna curiosidad de la infancia,
un niño toca con cuidado
el cuerpo muerto y frío
de un polluelo que cayó del nido.
Afanes fallidos de vuelos;
ansias perdidas
de otros paisajes, otros aires,
de vientos recogidos bajo las alas
en plumas florecidas.
Inconstancia en las promesas
que forjan los sueños de la vida.
de la terraza de un café,
con un vaso de limón en la mano,
ha caído sobre mí la hoja,
arrugada y seca,
de uno de los árboles de la plaza.
No ha cumplido las expectativas,
en pleno verano se ha desprendido,
lejos todavía del otoño
que, tal vez, le habían prometido.
En la plaza, con un palo,
eterna curiosidad de la infancia,
un niño toca con cuidado
el cuerpo muerto y frío
de un polluelo que cayó del nido.
Afanes fallidos de vuelos;
ansias perdidas
de otros paisajes, otros aires,
de vientos recogidos bajo las alas
en plumas florecidas.
Inconstancia en las promesas
que forjan los sueños de la vida.
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