Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
Las alas están ahí, siguen estando, esperan. Alguien tendrá que hacer esa labor titánica e incansable de recordarlo a todos. "Níños... sus alas por favor! No las dejen olvidadas en cualquier sitio, guárdenlas, cepillenlas, no dejen que el gato duerma la siesta sobre ellas, ni que el perro se las ponga para ir a jugar con las gaviotas. Sí, las alas están ahí, invisibles aún, pero eternas. Lo afirmo porque lo eterno no se crea en ningún momento, es imposible que eso suceda, no tiene principio y tampoco tiene fin, deben estar ahí desde siempre y para siempre, invisibles quizá, etéreas, en espera de que termine la experiencia, la aventura de la vida.
Bueno, la siguiente idea, adecuada a estos tiempos nuestros en los que cada quien quiere tener algo "especial" para sí mismo, las alas deben ser personalizadas. Cuando alguien toma consciencia de su ser alado desde chiquito escoge sus alitas, yo he visto por ahí a compañeros poetas que lucen sus alas, he visto alas flamígeras, lunares, transparentes, oscuras, traen ya sus alas a la vista. Quienes aún no tenemos consciencia de nuestra naturaleza alada venimos desnudos por el mundo añorando unas alas. Pero las alas ya están ahí, ganárselas es talvez una forma de decirnos siéntelas. El poder de la vista, del olfato, del tacto, del gusto y de todas las emociones que en su conjunto manejan las hace más y más invisibles. Y ¿cómo saber, o al menos darse una idea de cómo son las alas de cada uno? Se me ocurre que las alas se adaptan al universo que las personas crean en torno de sí mismas. ¡Cómo! -dirán algunos-. No es posible, qué tonta ocurrencia esa de pensar que las alas son, ¿cómo diríamos...? todo terreno, o algo mutante. Pero no, a mí no se me deja de ocurrir que las alas son adaptables al ser que pertenecen, y en esta idea, desde ayer me he dado a la tarea de elucubrar cómo son las alas de cada uno de los mundopoesiacos o mundopoestraterrestres o mundopoesileños. Bueno, hasta soñé con el tema, en el sueño vi a algunos de los nuestros con sus alas, por ejemplo a JULIA la vi con unas alas desmontables y plegables, eran de un material plástico ultrarresistente, antes de entrar al juzgado se las quitaba y las iba doblando geometricamente hasta dejarlas al tamaño justo para guardarlas en un minipastillero. Todo esto por aquéllo de que abogados, fiscales, querellantes y acusados no vieran en ella matiz angelical que les pudieran dar vanas esperanzas o falsas apreciaciones de suavidad en la aplicación de la ley.
Las alas de Marian Gonzales eran alas de mariposa, de muchos colores, frágiles porque se rompían a cada rato y le producían esos deliciosos instantes de dolor que también suelen ser adictivos. Ah, pero hay una cosa que sucede con las alas de Marian Gonzáles y que es cualidad de todas alas, se reconstruyen a voluntad, pero, cuando la voluntad induce en ellas el propósito de reconstrucción. Eso es bueno y necesario, no se puede andar por ahí en ambientes de eternidad con las alas manchadas o percudidas. Pues las alas de Marian así, de mariposa, de aquí para allá sobre hojas flores, piedras... las mariposas (dicen los gnomos) solo beben agua al amanecer, las gotas del rocío serenadas con luz de luna o de lucero, por eso son tan sensibles y golpetean con las alas con desesperación al medio día, con tanto calor y sin la bebida adecuada.
Las alas de El Prior eran oscuras, pterosauricas. A través de ellas se podía ver cómo, en su membrana, fluía la sangre roja roja roja, espesa y tinta como la sangre de toro, pero no estaba solo, vivía en una cueva sin comodidades con otros tantos seres voladores, y los aldeanos vecinos a menudo se quejaban de que venían a chuparles la sangre: hogueras, exterminio -decían- para esas alas exentas de belleza. Vano propósito el de los villanos pues, algo sustituye siempre a las especies tenebrosas, es el sitio donde se mira de otra forma, la realidad.
He aquí que de repente escuché entre los matorrales y los grandes pinos un silbido. Al instante apareció un personaje muy peculiar, lo que a mí me importaba en ese sueño eran las alas, así que perseguí al alegre caminante y lo rodee para buscar en sus espaldas, donde se supone deben estar las alas, y no las pude ver porque traía consigo una pequeña mochila de viajero. Parecía gustarle mi compañía al andariego, caminamos hasta llegar a la orilla de un riachuelo de aguas cristalinas y ahí nos sentamos en unas piedras aplanadas y grandes, parecía que estaban ahí ex profeso, para ser usadas como asiento. El personaje sacó de su mochila una carrete de hilo para pescar y le colocó un pequeño anzuelo, mientras esperaba el almuerzo se sucedieron una y otra anécdota deliciosa, una no se parecía a otra y todas eran muy interesantes. Debe ser Évano -me dije-. ¿Y las alas?... ya me las mostró: alas de golondrina para volar lejos y mirar todo desde la inmensidad. También sirven para andar en bicicleta y visitar aldeas embrujadas.
Larga larga larga la lista de los seres alados, de todos tipos y tamaños. Había algunas que se parecían entre sí, las de churrete por ejemplo eran de un material para uso "astronautico", resistente a ambientes exentos de atmósfera y expuestos a los efectos solares, alas para explorar los universos finitos e infinitos, nada cuerdo hay en los sueños, lo sabemos.
Entre seres alados nos las vemos sin que exista consciencia plena de las alas. Ellas están ahí en espera de ser descubiertas, hace falta quien diga, quien recuerde que hay que ganarse las alas para tomar conciencia de los seres alados que somos en este puerto que a veces se pinta de agonía.
Nota con letras chiquitas, como las de los bancos:
Las alusiones son mera necesidad de personajes para dar vida al texto. Cualquier similitud con un personaje real considérese físicamente improbable, pues quienes inspiraron este relato son seres virtuales, parte de este mundo moderno que cada vez es menos real.
Bueno, la siguiente idea, adecuada a estos tiempos nuestros en los que cada quien quiere tener algo "especial" para sí mismo, las alas deben ser personalizadas. Cuando alguien toma consciencia de su ser alado desde chiquito escoge sus alitas, yo he visto por ahí a compañeros poetas que lucen sus alas, he visto alas flamígeras, lunares, transparentes, oscuras, traen ya sus alas a la vista. Quienes aún no tenemos consciencia de nuestra naturaleza alada venimos desnudos por el mundo añorando unas alas. Pero las alas ya están ahí, ganárselas es talvez una forma de decirnos siéntelas. El poder de la vista, del olfato, del tacto, del gusto y de todas las emociones que en su conjunto manejan las hace más y más invisibles. Y ¿cómo saber, o al menos darse una idea de cómo son las alas de cada uno? Se me ocurre que las alas se adaptan al universo que las personas crean en torno de sí mismas. ¡Cómo! -dirán algunos-. No es posible, qué tonta ocurrencia esa de pensar que las alas son, ¿cómo diríamos...? todo terreno, o algo mutante. Pero no, a mí no se me deja de ocurrir que las alas son adaptables al ser que pertenecen, y en esta idea, desde ayer me he dado a la tarea de elucubrar cómo son las alas de cada uno de los mundopoesiacos o mundopoestraterrestres o mundopoesileños. Bueno, hasta soñé con el tema, en el sueño vi a algunos de los nuestros con sus alas, por ejemplo a JULIA la vi con unas alas desmontables y plegables, eran de un material plástico ultrarresistente, antes de entrar al juzgado se las quitaba y las iba doblando geometricamente hasta dejarlas al tamaño justo para guardarlas en un minipastillero. Todo esto por aquéllo de que abogados, fiscales, querellantes y acusados no vieran en ella matiz angelical que les pudieran dar vanas esperanzas o falsas apreciaciones de suavidad en la aplicación de la ley.
Las alas de Marian Gonzales eran alas de mariposa, de muchos colores, frágiles porque se rompían a cada rato y le producían esos deliciosos instantes de dolor que también suelen ser adictivos. Ah, pero hay una cosa que sucede con las alas de Marian Gonzáles y que es cualidad de todas alas, se reconstruyen a voluntad, pero, cuando la voluntad induce en ellas el propósito de reconstrucción. Eso es bueno y necesario, no se puede andar por ahí en ambientes de eternidad con las alas manchadas o percudidas. Pues las alas de Marian así, de mariposa, de aquí para allá sobre hojas flores, piedras... las mariposas (dicen los gnomos) solo beben agua al amanecer, las gotas del rocío serenadas con luz de luna o de lucero, por eso son tan sensibles y golpetean con las alas con desesperación al medio día, con tanto calor y sin la bebida adecuada.
Las alas de El Prior eran oscuras, pterosauricas. A través de ellas se podía ver cómo, en su membrana, fluía la sangre roja roja roja, espesa y tinta como la sangre de toro, pero no estaba solo, vivía en una cueva sin comodidades con otros tantos seres voladores, y los aldeanos vecinos a menudo se quejaban de que venían a chuparles la sangre: hogueras, exterminio -decían- para esas alas exentas de belleza. Vano propósito el de los villanos pues, algo sustituye siempre a las especies tenebrosas, es el sitio donde se mira de otra forma, la realidad.
He aquí que de repente escuché entre los matorrales y los grandes pinos un silbido. Al instante apareció un personaje muy peculiar, lo que a mí me importaba en ese sueño eran las alas, así que perseguí al alegre caminante y lo rodee para buscar en sus espaldas, donde se supone deben estar las alas, y no las pude ver porque traía consigo una pequeña mochila de viajero. Parecía gustarle mi compañía al andariego, caminamos hasta llegar a la orilla de un riachuelo de aguas cristalinas y ahí nos sentamos en unas piedras aplanadas y grandes, parecía que estaban ahí ex profeso, para ser usadas como asiento. El personaje sacó de su mochila una carrete de hilo para pescar y le colocó un pequeño anzuelo, mientras esperaba el almuerzo se sucedieron una y otra anécdota deliciosa, una no se parecía a otra y todas eran muy interesantes. Debe ser Évano -me dije-. ¿Y las alas?... ya me las mostró: alas de golondrina para volar lejos y mirar todo desde la inmensidad. También sirven para andar en bicicleta y visitar aldeas embrujadas.
Larga larga larga la lista de los seres alados, de todos tipos y tamaños. Había algunas que se parecían entre sí, las de churrete por ejemplo eran de un material para uso "astronautico", resistente a ambientes exentos de atmósfera y expuestos a los efectos solares, alas para explorar los universos finitos e infinitos, nada cuerdo hay en los sueños, lo sabemos.
Entre seres alados nos las vemos sin que exista consciencia plena de las alas. Ellas están ahí en espera de ser descubiertas, hace falta quien diga, quien recuerde que hay que ganarse las alas para tomar conciencia de los seres alados que somos en este puerto que a veces se pinta de agonía.
Nota con letras chiquitas, como las de los bancos:
Las alusiones son mera necesidad de personajes para dar vida al texto. Cualquier similitud con un personaje real considérese físicamente improbable, pues quienes inspiraron este relato son seres virtuales, parte de este mundo moderno que cada vez es menos real.
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