En las tierras brumosas del norte
los caballos hieren al tojo.
Las espinas les peinan las crines.
Las crines adornan sus rostros.
Con la sangre del Ulex se remojan
los cueros de las pieles equinas.
Emborrachan de trotes los campos,
amarillentos de flores trifolias.
Por los llanos que rodean al otero
pasean pausadamente las bestias.
De tranquilos suspiros empapan
las brisas marinas del cerro.
El océano está a sus espaldas
y aves oceánicas, planean.
Se cuelan entre aerogeneradores
que callados y simples, generan.
Ajenos a los watios, los tojos,
de la punta granítica arrancan
pétreos feldespatos silíceos.
Inertes retamas, procrean.
Tres ramas arranco y me guardo,
que las yeguas, no las echarán de menos.
Con ellas, aguardientes de hierbas destilo,
en alambiques de cobre batido.
los caballos hieren al tojo.
Las espinas les peinan las crines.
Las crines adornan sus rostros.
Con la sangre del Ulex se remojan
los cueros de las pieles equinas.
Emborrachan de trotes los campos,
amarillentos de flores trifolias.
Por los llanos que rodean al otero
pasean pausadamente las bestias.
De tranquilos suspiros empapan
las brisas marinas del cerro.
El océano está a sus espaldas
y aves oceánicas, planean.
Se cuelan entre aerogeneradores
que callados y simples, generan.
Ajenos a los watios, los tojos,
de la punta granítica arrancan
pétreos feldespatos silíceos.
Inertes retamas, procrean.
Tres ramas arranco y me guardo,
que las yeguas, no las echarán de menos.
Con ellas, aguardientes de hierbas destilo,
en alambiques de cobre batido.
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