Que cerca estuve de sentir su fibra.
Muy cerca de rozarla, de morderla.
De desnudarla solo para verla.
Su esencia de animal aún me vibra,
me rasga, me carcome, me calibra
con esa dura brillantez de perla
mi hipnótico deseo de roerla.
Ya mi alma de su cuerpo no se libra.
Su ritmo es el veneno que me infunde.
Ya nada es apremiante, tan urgente.
Su luz de día solo me confunde.
La credencial aún está vigente.
En su portal nocturno el celo cunde.
Cuando cierro los ojos veo el puente.
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