¡Qué fugaz fuiste en mi vida!
Cruzan nubes de silencio,
blanquecinas,
en tibia tarde de mayo.
Olas de nostalgia atracan
en la bahía de mi alma
mientras el sol en declive
bruñe de oro el oleaje.
En la orilla de la vida,
el trémulo centelleo
del ocaso sobre el mar,
trae a este penar mío
recuerdos y más recuerdos
de aquel amor que nos dimos;
un amor de olas brillantes
surcando juntos los mares
y que al llegar a la playa,
puerto de arena olvidada,
se alejaron.
Tu amor llegó como la ola
que se levanta rizada
y es guiada por el viento
hacia la ensenada de mi
ser, inesperadamente.
Llegaste a mi con tu luz
blanquecina,
destellando
cual faro guía en la noche
al marinero perdido
salvándole del naufragio;
pero todo cuanto nace,
si no se cuida se hunde.
Y aquí estoy, en un médano,
en la hora de la añoranza,
ni es de noche ni de día,
viendo olas que van y vienen
empujadas por la brisa
de triste melancolía.
Es difícil de creer
que cuando nos entregábamos,
tu corazón no era mío
y el amor que yo besaba,
ya no me pertenecía.
¡Ay mujer,
qué fugaz fuiste en mi vida!
Y seguiré viendo al sol
irse a la cuna del mar
sin pensar que te recuerdo,
varado en la triste arena
como náufrago
y en silencio
con la ondulación del mar.
Luis
Cruzan nubes de silencio,
blanquecinas,
en tibia tarde de mayo.
Olas de nostalgia atracan
en la bahía de mi alma
mientras el sol en declive
bruñe de oro el oleaje.
En la orilla de la vida,
el trémulo centelleo
del ocaso sobre el mar,
trae a este penar mío
recuerdos y más recuerdos
de aquel amor que nos dimos;
un amor de olas brillantes
surcando juntos los mares
y que al llegar a la playa,
puerto de arena olvidada,
se alejaron.
Tu amor llegó como la ola
que se levanta rizada
y es guiada por el viento
hacia la ensenada de mi
ser, inesperadamente.
Llegaste a mi con tu luz
blanquecina,
destellando
cual faro guía en la noche
al marinero perdido
salvándole del naufragio;
pero todo cuanto nace,
si no se cuida se hunde.
Y aquí estoy, en un médano,
en la hora de la añoranza,
ni es de noche ni de día,
viendo olas que van y vienen
empujadas por la brisa
de triste melancolía.
Es difícil de creer
que cuando nos entregábamos,
tu corazón no era mío
y el amor que yo besaba,
ya no me pertenecía.
¡Ay mujer,
qué fugaz fuiste en mi vida!
Y seguiré viendo al sol
irse a la cuna del mar
sin pensar que te recuerdo,
varado en la triste arena
como náufrago
y en silencio
con la ondulación del mar.
Luis