jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me llevó tanto tiempo lograr convencerla
que me diera una cita, vernos en el parque
platicar una hora, confesar mi amor
me costó enormidades vencer su frialdad
doblegar sus recelos, aplacar su temor
que al pasar mi brazo en torno a su cintura
no se fuera corriendo, no ahuecara el ala
me enfermé de insistirle, me cansé de rogarle
que me diera ese beso, rozarle los labios
estrecharla en mis brazos, recorrer su cintura
romper sus reservas, desatar su lengua
me las debí ver negras semanas enteras
esgrimir teorías, inventar historias
embriagarla en un bar, subirla a mi coche
-llovía a cántaros aquella tarde-
y al final ablandarla y bajarle las bragas
y al final penetrarla sin una protesta
lo que nunca esperé, lo que casi me mata
me sumió en la demencia, me hundió en la amargura
fue la forma en que ella se opuso a marcharse
su terca presencia, su aplastante sombra
su cara en mi sopa cada mediodía
cuando yo volvía del trabajo a casa
su feroz negativa a dejarme en paz
que intentara besarme, que intentara abrazarme
que no atara su lengua, que no se largara
que su mente bloqueara cuánto me estorbaba
tenerla a mi lado metida en mi cama
viviendo conmigo un día tras otro
un día tras otro que formaron años
y una puta vida que se fue a la mierda