Darkshade
Poeta adicto al portal
Corre el niño tras la brisa
corre, corre y no la alcanza;
corre alegre, va de prisa,
quiere asirla con su lanza.
Mas la brisa no se deja
atrapar por hombre alguno:
ella va de teja en teja
meciéndose sin acuno.
Y no le importa la edad
de quien procure pescarla;
se desplaza sin piedad
con nadie que pueda atarla.
Le abre campo a la tormenta,
coopera con el barquero,
alza la falda magenta
de la señora Figuero.
Atar la brisa es dañino
siquiera en los pensamientos
pues lleva olor al vecino
de unos guisos suculentos.
Cansose entonces el niño:
su corazón jadeaba.
La brisa, con racha y guiño,
se burlaba, se burlaba.
corre, corre y no la alcanza;
corre alegre, va de prisa,
quiere asirla con su lanza.
Mas la brisa no se deja
atrapar por hombre alguno:
ella va de teja en teja
meciéndose sin acuno.
Y no le importa la edad
de quien procure pescarla;
se desplaza sin piedad
con nadie que pueda atarla.
Le abre campo a la tormenta,
coopera con el barquero,
alza la falda magenta
de la señora Figuero.
Atar la brisa es dañino
siquiera en los pensamientos
pues lleva olor al vecino
de unos guisos suculentos.
Cansose entonces el niño:
su corazón jadeaba.
La brisa, con racha y guiño,
se burlaba, se burlaba.
::,me sonó a una nana::
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