Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Llevo toda la vida dando palos de ciego,
llamándome Juan Luis y huyendo de la muerte;
ocupando las horas de los días
en perder la ocasión de aprovechar el tiempo,
en dar cabida a cada vez más vicios
y en poner de los nervios a los jueces del karma.
Por no querer sentirme desgraciado
he trabado amistad con la desgracia
y he dejado centenas de enemigos.
vencidos a mi espalda.
Llevo toda la vida dando coces
y esperando caricias;
mintiendo a discreción sinceramente
y usando el corazón para estar vivo
sin más expectativas.
Bebiéndome el futuro por los bares,
asistiendo a la iglesia los domingos
y fiestas de guardar, como Dios manda;
queriéndote tan sólo hasta trincarte
y haciendo lo que ordenen los demonios que me habitan
por ley de incompetencia.
Llevo toda la vida, y otras que antes viviera,
gozando del placer de estar jodido;
apuntándome a cursos de autoayuda
que ayudan sobre todo a quien los vende,
y contándole al mundo batallitas absurdas
-para más inri en verso-
que apenas sé siquiera por qué escribo.
Y, tontadas aparte,
poco más que decir salvo callarme
para que al menos tenga un cierre digno este poema...
llamándome Juan Luis y huyendo de la muerte;
ocupando las horas de los días
en perder la ocasión de aprovechar el tiempo,
en dar cabida a cada vez más vicios
y en poner de los nervios a los jueces del karma.
Por no querer sentirme desgraciado
he trabado amistad con la desgracia
y he dejado centenas de enemigos.
vencidos a mi espalda.
Llevo toda la vida dando coces
y esperando caricias;
mintiendo a discreción sinceramente
y usando el corazón para estar vivo
sin más expectativas.
Bebiéndome el futuro por los bares,
asistiendo a la iglesia los domingos
y fiestas de guardar, como Dios manda;
queriéndote tan sólo hasta trincarte
y haciendo lo que ordenen los demonios que me habitan
por ley de incompetencia.
Llevo toda la vida, y otras que antes viviera,
gozando del placer de estar jodido;
apuntándome a cursos de autoayuda
que ayudan sobre todo a quien los vende,
y contándole al mundo batallitas absurdas
-para más inri en verso-
que apenas sé siquiera por qué escribo.
Y, tontadas aparte,
poco más que decir salvo callarme
para que al menos tenga un cierre digno este poema...