Ratones y muslos

Querido poeta, algo comico y simpatico tu escrito..... que cosas con nosotras las mujeres y los ratones, no? jajajaja....me gusto, saludos!!!!!!!!
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011















Amigo mío, muy ingenioso y un tanto retorcido el relato, ¡ pero genial!... me ha encantado como se van complicando las cosas y las fantasías con la Sra. Pelz, que intervienen, muy acertadamente, varias veces en el escrito.

Felicitaciones por tu magnífico escrito.

Un beso.
 
Jajaja, sería perfecto para una peli de Bily Wilder. Muy divertido, me hace gracia, porque es una fotografía perfecta de esas tonterías que pensamos los hombres, jejeje, al final, ni pan, ni muslo, ni "ratones coloraos", somos todo fantasía.
Gracias amigo y un abrazo
 
mi estimado dulcinista
muy lindo su relato
me ha hecho reir !jaja gracias!!
me imagino la cara del raton al ver los "muslos" de la sra pelz
le pregunto: xq no comentó los muslos de su esposa??? eh? eh? picaroncillo jajaj
besotes!!!!!!!!!
 
Ja ja ja y dos mil trescientos veinticuatro "jas" más. Eres grade amigo Eladio, qué agilidad mental y qué ocurrencias tienes amigo. A mi lo de los muslos (no los de pollo, claro, que,además, los comí ayer) me atrajeron y sentí envidia de no ser yo el salvador de esa dama de tan monstruoso animalito, claro que a mí no creo que me vaya a pasar nunca, el que va por el pan, y por la compra y a por todo, soy yo... Tengo que decirte que es un buen relato, magníficamente escrito y bien dirigido para que se entienda bien el mensaje y, como ya te han dicho, la moraleja. A veces pienso que los ratones son estupendos, lo único malo es que casi siempre aparecen en el lugar equivocado y solo te quedan los gritos de ¡sálvame! que suelen gritar las mujeres que, casi siempre, por no decir siempre, coincide que es la tuya. Muy bueno todo el relato, la verdad es que me reí con ganas, ya me dirás cuando haces la próxima entrega. Estrellas bien merecidas y un fortísimo abrazo.
 
Me ha causado mucha gracia tu relato querido amigo fue un placer leerte. Besos y abrazos.
 
jeje muchas gracias dulcinista!!!

muy simpático y sorprendente tu relato! y una muestra de como es el hombre :::sonreir1::: deleitado frecuentemente por lo que no posee. (la mujer tiene esos impulsos también, aunque hoy en día aún se los reprime mucho más, pero es una característica muy humana) buenas noches!!
 
wouuuu maravilloso trabajo :D jejeje debo pedir vengas a matar uno que otro ratón que ronda mi hogar jejeje
ntc bromita .. un abrazo muy fuerte con mucho cariño y admiración , siempre es un verdadero placer leerte
gracias por la invitación , miles de estrellitas bien merecidas :D
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011















jajajjajajjajajaja me encanto, muy cómico y con una cuota de picardia y deseo a lo ajeno , esta muy bueno
 
Mi mujer es la persona más olvidadiza del mundo. Comemos pan todos los días, pero ella suele olvidarse de comprarlo muchas veces. Cuando eso sucede, tengo que bajar yo a comprarlo. Ayer fue uno de esos días. Debí darme prisa, pues la panadería estaba a punto de cerrar. Bajé las escaleras con rapidez. Llovía. Volví a subir a casa a por un paraguas. Volvía a casa con el pan cuando oí gritos en casa de la señora Pelz. Me paré a escuchar. Apareció el señor Pelz y me rogó que entrara en su casa para intentar calmar a su mujer. Me quitó de las manos la bolsa con el pan. Cerré el paraguas y entré en la casa. Vi a la señora Pelz gritando y dando saltos. Se había levantado la falda y dejaba ver sus muslos. Deseé poder acariciarlos. Dejé el paraguas en un rincón. Se vino hasta mí y me abrazó. Su piel era cálida y suave. Comenzó a llorar. Un ratón corrió a esconderse detrás de una enorme maceta de afelandra. Entró el señor Pelz. No llevaba con él la bolsa del pan. Temí que la hubiese dejado en la calle bajo la lluvia. Me separé de la señora Pelz. Creo que ya está más calmada, dije. Pregunté por el pan. El señor Pelz no recordaba dónde lo había puesto. Cogí el paraguas y salí a la calle. Ya no llovía. Mis sospechas eran ciertas, la bolsa estaba en la calle; la lluvia había reblandecido el pan hasta convertirlo en un amasijo pastoso. Tiré la bolsa a la basura y subí a casa. Mi mujer estaba en la cocina. Dejé el paraguas en un rincón. Un ratón salió de su interior y fue a esconderse detrás del mueble frutero. Mi mujer comenzó a gritar. Se levantó el vestido y empezó a dar saltos. Vino hacia mí e intentó abrazarme. La rechacé. Maté al ratón. Mi mujer se tranquilizó. Me preguntó que dónde estaba el pan. Le dije que no lo había podido comprar porque la panadería estaba cerrada.¡ Pues tendrás que comerte los muslos de pollo sin pan !, gritó. Para muslos, los de la señora Pelz, pensé yo. No dije nada más en toda la noche, ya que bien sabido es que la misma mujer que tiembla ante un minúsculo ratón, si está furiosa, se convierte en una fiera temible.


Le dedico este relato a mi amiga Mary Mura. Ojalá te guste, amiga.



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Eladio Parreño Elías

22-Diciembre-2011






Querido Eladio hilarante relato donde queda demostrado que los ratones mas grandes estaban en la cabeza del protagonista, viendo los muslos de la señora Pelz y sintiendo la tibieza de sus senos, del argumento me surgen dos reflexiones, primero el protagonista se quedó sin el pan y sin la torta y la segunda es que no tenía mucha hambre porque se quedó sin comer los muslos de nadie. Personalmente hubiera enviado al marido a buscar una trampera a un lugar muy distante y hubiera disfrutado las delicias de la señora Pelz, luego me hubiera ido tranquilamente a casa a escuchar los gritos di mi mujer y al ratón hubiera dejado que lo mate ella con sus propias manos porque yo estaría muy cansada para matar dos ratones la misma noche. Estrellas, reputacion y besos. Marta
 

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