Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahogado en llanto vuelco a tu ventana,
sobre un triste papel, mi despedida,
ya para nuestro amor es el ocaso,
¡he derramado el vaso
y anuncio en consecuencia mi partida!,
con la esperanza puesta en que mañana
encuentres el refugio en otro hombre,
un faro que en su luz
amaine la oscurana de un pasado
escrito con mi nombre
y arranque de tus lomos el pesado
vestigio de mi cruz.
¡Qué seas feliz con él!,
olvida que te quise, que te quiero,
olvida que un chubasco pasajero
entrecortando el vuelo de una abeja
le hizo morir sin conquistar la miel.
¡He roto el cuenco de tus ilusiones!,
y el cofre en que ocultaba las razones
el tiempo, que callado nunca dijo
lo que hoy has de leer:
¡Existe otra mujer
en cuyo vientre habita
el alma de una vida en que palpita
un sacro corazón: el de mi hijo!
sobre un triste papel, mi despedida,
ya para nuestro amor es el ocaso,
¡he derramado el vaso
y anuncio en consecuencia mi partida!,
con la esperanza puesta en que mañana
encuentres el refugio en otro hombre,
un faro que en su luz
amaine la oscurana de un pasado
escrito con mi nombre
y arranque de tus lomos el pesado
vestigio de mi cruz.
¡Qué seas feliz con él!,
olvida que te quise, que te quiero,
olvida que un chubasco pasajero
entrecortando el vuelo de una abeja
le hizo morir sin conquistar la miel.
¡He roto el cuenco de tus ilusiones!,
y el cofre en que ocultaba las razones
el tiempo, que callado nunca dijo
lo que hoy has de leer:
¡Existe otra mujer
en cuyo vientre habita
el alma de una vida en que palpita
un sacro corazón: el de mi hijo!
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