Recuerdo,
eres un puñado de brasas
que arde en la mesa vacía.
Eres un olor a pan
que nunca llega,
una ventana cerrada
donde la luna golpea inútilmente.
Vienes a mí con tu carga de sombras,
con los pasos de quienes partieron,
con la risa enterrada bajo polvo,
con el temblor de unos labios
que ya no dicen nada.
Y sin embargo,
te abrazo como se abraza
al dolor necesario,
como se guarda en el pecho
una piedra caliente
que enseña a resistir el frío.
Recuerdo,
me dueles,
pero sin ti
la noche sería un desierto
sin nombres ni caminos.
eres un puñado de brasas
que arde en la mesa vacía.
Eres un olor a pan
que nunca llega,
una ventana cerrada
donde la luna golpea inútilmente.
Vienes a mí con tu carga de sombras,
con los pasos de quienes partieron,
con la risa enterrada bajo polvo,
con el temblor de unos labios
que ya no dicen nada.
Y sin embargo,
te abrazo como se abraza
al dolor necesario,
como se guarda en el pecho
una piedra caliente
que enseña a resistir el frío.
Recuerdo,
me dueles,
pero sin ti
la noche sería un desierto
sin nombres ni caminos.