licprof
Poeta fiel al portal
acostado junto a la joven le relataba, a grandes rasgos, lo siguiente:
de chico levantaba a lo loco, bastaba levantar un dedo para que las hermosas vinieran al pie,
se quedaban charlando y bailando conmigo una hora, tomando algo en la barra,
luego, con cualquier pretexto, las invitaba a salir afuera, un rato,
por regla general, para fumar: allì apretàbamos, abrazados su boca en la mìa, nuestras bocas abrasadas, jugando las lenguas,
los ojos cerrados, de pronto, tan solo por unos instantes que parecìan para siempre, el mundo real felizmente desaparecìa,
como en un sueño afortunado, despuès volvìamos al baile, a bailar y a franelear mientras bailàbamos, calientes y transpirados,
excitados por la mùsica màs maravillosa: el tango, que, como una escoba, un escobillòn, barrìa nuestras ilusiones, nuestra mugre
esta situaciòn se reiterò demasiadas, incontables veces, afortunadamente: las chicas se quedaban charlando y bailando conmigo,
incluso si les daba el raje, voy a descansar, adònde estàs sentada?, volvìan a los 5 10 minutos, al pie, juventud tesoro divino,
te vas para no volver nunca màs, excepto en el recuerdo, despuès salìamos del salòn a tomar algo afuera, o directamente para
hacer el amor, en algùn hotelucho de las inmediaciones, el màs cercano y sobre todo barato
innùmeras veces mi ridìcula persecuta era que me usaran para bailar y no pasara nada, no pasara otra cosa, porque yo iba para
bailar pero tambièn querìa levantar, conquistar: definìa mediante diversas estrategias o tècnicas que ahora no vienen al caso:
despuès estuve 15 años sin bailar
porque no iba a estarme bailando toda la noche (al divino botòn, al pepe) con una a quien el novio o quien fuere la viniera a buscar
a la salida, a las 3 4 de la mañana
un dìa volvì, hace un par de años: todo habìa terminado: me habìa quedado en la cabeza lo que habìa vivido en el pasado:
todo terminò: ahora tenìa 50 años y las minas de 20 30 ni pelota me daban: habìa un montòn de tipos jòvenes
que bailaban superbien, incluso mejor que yo, que, ademàs, estaba completamente fuera de training:
las minas de 40 para abajo, ni bola me daban, rebotaba todo el tiempo, planchaba: de alguna manera, ahora me tocaba a mì
el turno de perder como en la guerra:
al comienzo, cuando volvì, rebotaba como una pelota de goma, despuès no tanto: tambièn me dolìan las piernas,
como acalambradas:
gracias si bailaba, despuès ya no rebotaba tanto: ya me conocìan y sabìa a quien no sacar a bailar, pero al principio era de terror:
era realmente notable còmo planchaba, habìa lugares que directamente tuve que dejar de ir, cuando habìa muchas pendejas
iba màs a espacios de veteranos, la chiflada, por poner un ejemplo (fitz roy y còrdoba, villa crespo)
lo bueno era que ya no volvìa tan tarde a casa: volvìa temprano sabiendo que no pasaba nada y habiendo ya bailado suficiente;
al tiempo, recuperè el training: bailaba superbien, incluso, como estaba resignado a no levantar nada, me concentraba màs
en la mùsica y en el baile, algunos tipos me tenìan bronca
habìa cambiado yo y habìa cambiado lo real: ya no podìa franelear alevosamente a las pibas como cuando era pendejo y
bailaba y franeleaba escandalosamente y las que recièn empezaban se calentaban por falta de costumbre
ni las viejas me daban pelota
porque ni los viejos quieren a los viejos
los viejos aman a los jòvenes (aunque a veces se aburran un poco)
en 2 años no levantè nada
pero cada dìa amaba màs la mùsica, ademàs movìa las piernas un poco
todo esto para decirle a la joven acostada a mi lado: ahora tenès 30
pero despuès de los 40 las cosas se complican
y despuès de los 50 olvidate
nacimiento muerte y resurrecciòn, digamos
en fin, como dice barthes, en la càmara lùcida: el lenguaje es ficcional por naturaleza
de chico levantaba a lo loco, bastaba levantar un dedo para que las hermosas vinieran al pie,
se quedaban charlando y bailando conmigo una hora, tomando algo en la barra,
luego, con cualquier pretexto, las invitaba a salir afuera, un rato,
por regla general, para fumar: allì apretàbamos, abrazados su boca en la mìa, nuestras bocas abrasadas, jugando las lenguas,
los ojos cerrados, de pronto, tan solo por unos instantes que parecìan para siempre, el mundo real felizmente desaparecìa,
como en un sueño afortunado, despuès volvìamos al baile, a bailar y a franelear mientras bailàbamos, calientes y transpirados,
excitados por la mùsica màs maravillosa: el tango, que, como una escoba, un escobillòn, barrìa nuestras ilusiones, nuestra mugre
esta situaciòn se reiterò demasiadas, incontables veces, afortunadamente: las chicas se quedaban charlando y bailando conmigo,
incluso si les daba el raje, voy a descansar, adònde estàs sentada?, volvìan a los 5 10 minutos, al pie, juventud tesoro divino,
te vas para no volver nunca màs, excepto en el recuerdo, despuès salìamos del salòn a tomar algo afuera, o directamente para
hacer el amor, en algùn hotelucho de las inmediaciones, el màs cercano y sobre todo barato
innùmeras veces mi ridìcula persecuta era que me usaran para bailar y no pasara nada, no pasara otra cosa, porque yo iba para
bailar pero tambièn querìa levantar, conquistar: definìa mediante diversas estrategias o tècnicas que ahora no vienen al caso:
despuès estuve 15 años sin bailar
porque no iba a estarme bailando toda la noche (al divino botòn, al pepe) con una a quien el novio o quien fuere la viniera a buscar
a la salida, a las 3 4 de la mañana
un dìa volvì, hace un par de años: todo habìa terminado: me habìa quedado en la cabeza lo que habìa vivido en el pasado:
todo terminò: ahora tenìa 50 años y las minas de 20 30 ni pelota me daban: habìa un montòn de tipos jòvenes
que bailaban superbien, incluso mejor que yo, que, ademàs, estaba completamente fuera de training:
las minas de 40 para abajo, ni bola me daban, rebotaba todo el tiempo, planchaba: de alguna manera, ahora me tocaba a mì
el turno de perder como en la guerra:
al comienzo, cuando volvì, rebotaba como una pelota de goma, despuès no tanto: tambièn me dolìan las piernas,
como acalambradas:
gracias si bailaba, despuès ya no rebotaba tanto: ya me conocìan y sabìa a quien no sacar a bailar, pero al principio era de terror:
era realmente notable còmo planchaba, habìa lugares que directamente tuve que dejar de ir, cuando habìa muchas pendejas
iba màs a espacios de veteranos, la chiflada, por poner un ejemplo (fitz roy y còrdoba, villa crespo)
lo bueno era que ya no volvìa tan tarde a casa: volvìa temprano sabiendo que no pasaba nada y habiendo ya bailado suficiente;
al tiempo, recuperè el training: bailaba superbien, incluso, como estaba resignado a no levantar nada, me concentraba màs
en la mùsica y en el baile, algunos tipos me tenìan bronca
habìa cambiado yo y habìa cambiado lo real: ya no podìa franelear alevosamente a las pibas como cuando era pendejo y
bailaba y franeleaba escandalosamente y las que recièn empezaban se calentaban por falta de costumbre
ni las viejas me daban pelota
porque ni los viejos quieren a los viejos
los viejos aman a los jòvenes (aunque a veces se aburran un poco)
en 2 años no levantè nada
pero cada dìa amaba màs la mùsica, ademàs movìa las piernas un poco
todo esto para decirle a la joven acostada a mi lado: ahora tenès 30
pero despuès de los 40 las cosas se complican
y despuès de los 50 olvidate
nacimiento muerte y resurrecciòn, digamos
en fin, como dice barthes, en la càmara lùcida: el lenguaje es ficcional por naturaleza