natu
Poeta fiel al portal
Recuerdo aquellos días en que mi cabello volaba rebelde, esos días en mi alma revoloteaba incandescente entre juegos y fantasías; mi espíritu, era libre y salvaje, huyendo a paisajes desconocidos.
Esos días en que mi boca evocaba las promesas del futuro, en esos días en que las canciones parecían poesías de mundos distantes. Ahora entre los vestigios de la realidad y el sueño, adolorida se turba mi alma, que todavía espera, que todavía sueña. Me entrego ciegamente a esos pedazos de luna que se cuelan en mi ventana, que resultan simplemente sobras que deambulan entre rincones silenciosos, cada paso que el tiempo da, le parece que a mi alma pudiera albergar más tristezas.
Recuerdo que en esos días que la victoria brincaba a borbotones en mis flancos, quisiera recordar el momento en que me perdí, saber el color de mis sonrisas, emular el brillo de mis ojos, limpiar el encanto de mis palabras, quisiera dejar de matar las horas, tratado de buscar lo que hace falta en los imposibles que solo se ven; que al sentirlos es como el coletazo del pasado, que de vez en cuando sale avante, agitando la bandera que alguna ves nos sentimos vivos, que a veces fuimos, que a veces volvimos del letargo en el que nos convertimos
Parece que en las faldas de la soledad, cuando le sonreímos por su escudo, ya empezáramos a entendernos, a no asilarnos de nosotros mismos, a no sorprendernos de lo empolvado que encontramos de nosotros, cuando imposible resulta arrepentirse, cuando solo queda la culpa y el temor. Que mas desubicamos podemos estar, si las esperanzas perdieron sus alas, que se robaban de rojo atardecer para dejarlo en nuestra alma, añadiéndole pasión y fe.
Cuando algo solo nos mantiene vivos, como una fuerza de gravedad que ata manos y pies, al mundo que tal ves no entiende, que solo juzga, que me pide mas de lo que se puede dar, al que le creí las historias con final feliz, con amores eternos, con el triunfo del bien sobre el mal.
Al que ahora en medio de mi camino vagabundo, cuando las fuerzas se me espantaron, cuando luego de enfrentarse a la marea, observa el acantilado, al borde de la muerte con el destino decido, en medio de la tormenta, con el cuerpo a punto de estrellarse entre las rocas. Lo condeno, lo maldigo por mantenerme aquí sin propósito, sin rumbo fijo, sin son.
Como de nuevo aun contra el destino se puede tener de fe de no fallecer, es como pedirle a una bala que se detenga cuando ya ha sido detonada, cuando la tierra se agita las raíces se arrancan.
Pedirle a ladrón que devuelva su botín, que me regrese el tesoro, el fondo La vida
Queda solo el recuerdo, de cuando valía más la realidad que las fantasías, cuándo en balance ganaba las memorias que los sueños, ahora puedo aseverar que muchas de mis evocaciones sean han salpicado de es sustancia misteriosa que distorsionan y nos muestra todo en marcos de nubes.
Recuerdo esos días en que mis versos se mecían entre metáforas de belleza y estrellas, de amores y desamores, de planetas, de canciones dedicadas, de besos apasionados, de sonrientes atardeceres, ahora mis versos se han contaminado de esa indolencia en que nada lo sucumbe, más que la desilusión de su presente, del fraude del futuro, de la libertad perdida, del espíritu olvidado, del olvido del sentido de la vida y el ¿Por qué? Y su sabor, ya no conocen el final, solo la agonía de la mezcla de palabras que olvidaron la magia que envuelve la poesía, no, ya no reconocen comparaciones, solo relatan las huellas en la arena, que pronto serán borradas por las olas.
Esos días en que mi boca evocaba las promesas del futuro, en esos días en que las canciones parecían poesías de mundos distantes. Ahora entre los vestigios de la realidad y el sueño, adolorida se turba mi alma, que todavía espera, que todavía sueña. Me entrego ciegamente a esos pedazos de luna que se cuelan en mi ventana, que resultan simplemente sobras que deambulan entre rincones silenciosos, cada paso que el tiempo da, le parece que a mi alma pudiera albergar más tristezas.
Recuerdo que en esos días que la victoria brincaba a borbotones en mis flancos, quisiera recordar el momento en que me perdí, saber el color de mis sonrisas, emular el brillo de mis ojos, limpiar el encanto de mis palabras, quisiera dejar de matar las horas, tratado de buscar lo que hace falta en los imposibles que solo se ven; que al sentirlos es como el coletazo del pasado, que de vez en cuando sale avante, agitando la bandera que alguna ves nos sentimos vivos, que a veces fuimos, que a veces volvimos del letargo en el que nos convertimos
Parece que en las faldas de la soledad, cuando le sonreímos por su escudo, ya empezáramos a entendernos, a no asilarnos de nosotros mismos, a no sorprendernos de lo empolvado que encontramos de nosotros, cuando imposible resulta arrepentirse, cuando solo queda la culpa y el temor. Que mas desubicamos podemos estar, si las esperanzas perdieron sus alas, que se robaban de rojo atardecer para dejarlo en nuestra alma, añadiéndole pasión y fe.
Cuando algo solo nos mantiene vivos, como una fuerza de gravedad que ata manos y pies, al mundo que tal ves no entiende, que solo juzga, que me pide mas de lo que se puede dar, al que le creí las historias con final feliz, con amores eternos, con el triunfo del bien sobre el mal.
Al que ahora en medio de mi camino vagabundo, cuando las fuerzas se me espantaron, cuando luego de enfrentarse a la marea, observa el acantilado, al borde de la muerte con el destino decido, en medio de la tormenta, con el cuerpo a punto de estrellarse entre las rocas. Lo condeno, lo maldigo por mantenerme aquí sin propósito, sin rumbo fijo, sin son.
Como de nuevo aun contra el destino se puede tener de fe de no fallecer, es como pedirle a una bala que se detenga cuando ya ha sido detonada, cuando la tierra se agita las raíces se arrancan.
Pedirle a ladrón que devuelva su botín, que me regrese el tesoro, el fondo La vida
Queda solo el recuerdo, de cuando valía más la realidad que las fantasías, cuándo en balance ganaba las memorias que los sueños, ahora puedo aseverar que muchas de mis evocaciones sean han salpicado de es sustancia misteriosa que distorsionan y nos muestra todo en marcos de nubes.
Recuerdo esos días en que mis versos se mecían entre metáforas de belleza y estrellas, de amores y desamores, de planetas, de canciones dedicadas, de besos apasionados, de sonrientes atardeceres, ahora mis versos se han contaminado de esa indolencia en que nada lo sucumbe, más que la desilusión de su presente, del fraude del futuro, de la libertad perdida, del espíritu olvidado, del olvido del sentido de la vida y el ¿Por qué? Y su sabor, ya no conocen el final, solo la agonía de la mezcla de palabras que olvidaron la magia que envuelve la poesía, no, ya no reconocen comparaciones, solo relatan las huellas en la arena, que pronto serán borradas por las olas.
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