En el interior de la casa
todo está sereno .
En la calle llueve.
Las gotitas lentas, sin fuerza,
invaden la tarde,
su tristeza es menos triste
desde mi ventana abierta.
La mayoría del tiempo
me rodea el silencio,
sólo los pasos de mis hijos
y el viento,
que como un pajarillo
tropieza en los cristales desorientado,
rompe la suave quietud.
El calor entra por la ventana
desnudo de sol,
con movimientos leves
renueva la calma
enganchada en mi cuello
ya hace días,
y como si de un tesoro se tratase
la guardo encantada
y la observo,
como hacen los niños con un sueño.
Quiero esconderlo en mi interior
y recrearme.
Me contemplo tan quietamente
que parece que me reflejo en un lago
con toda su paz dentro;
tan sereno que da miedo,
no sé si por tanta paz
o tanto desconocimiento
de bienestar,
pero me sumerjo en ella
contemplándola de cerca,
observándola como a una flor
que acabara de abrir.
Me gustaría detener este instante
en el cuenco de mi vientre.
todo está sereno .
En la calle llueve.
Las gotitas lentas, sin fuerza,
invaden la tarde,
su tristeza es menos triste
desde mi ventana abierta.
La mayoría del tiempo
me rodea el silencio,
sólo los pasos de mis hijos
y el viento,
que como un pajarillo
tropieza en los cristales desorientado,
rompe la suave quietud.
El calor entra por la ventana
desnudo de sol,
con movimientos leves
renueva la calma
enganchada en mi cuello
ya hace días,
y como si de un tesoro se tratase
la guardo encantada
y la observo,
como hacen los niños con un sueño.
Quiero esconderlo en mi interior
y recrearme.
Me contemplo tan quietamente
que parece que me reflejo en un lago
con toda su paz dentro;
tan sereno que da miedo,
no sé si por tanta paz
o tanto desconocimiento
de bienestar,
pero me sumerjo en ella
contemplándola de cerca,
observándola como a una flor
que acabara de abrir.
Me gustaría detener este instante
en el cuenco de mi vientre.