Refejo

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
En el interior de la casa

todo está sereno .


En la calle llueve.


Las gotitas lentas, sin fuerza,

invaden la tarde,

su tristeza es menos triste

desde mi ventana abierta.


La mayoría del tiempo

me rodea el silencio,

sólo los pasos de mis hijos

y el viento,

que como un pajarillo

tropieza en los cristales desorientado,

rompe la suave quietud.


El calor entra por la ventana

desnudo de sol,

con movimientos leves

renueva la calma

enganchada en mi cuello

ya hace días,

y como si de un tesoro se tratase

la guardo encantada

y la observo,

como hacen los niños con un sueño.


Quiero esconderlo en mi interior

y recrearme.


Me contemplo tan quietamente

que parece que me reflejo en un lago

con toda su paz dentro;

tan sereno que da miedo,

no sé si por tanta paz

o tanto desconocimiento

de bienestar,

pero me sumerjo en ella

contemplándola de cerca,

observándola como a una flor

que acabara de abrir.


Me gustaría detener este instante

en el cuenco de mi vientre.
 
En el interior de la casa

todo está sereno .


En la calle llueve.


Las gotitas lentas, sin fuerza,

invaden la tarde,

su tristeza es menos triste

desde mi ventana abierta.


La mayoría del tiempo

me rodea el silencio,

sólo los pasos de mis hijos

y el viento,

que como un pajarillo

tropieza en los cristales desorientado,

rompe la suave quietud.


El calor entra por la ventana

desnudo de sol,

con movimientos leves

renueva la calma

enganchada en mi cuello

ya hace días,

y como si de un tesoro se tratase

la guardo encantada

y la observo,

como hacen los niños con un sueño.


Quiero esconderlo en mi interior

y recrearme.


Me contemplo tan quietamente

que parece que me reflejo en un lago

con toda su paz dentro;

tan sereno que da miedo,

no sé si por tanta paz

o tanto desconocimiento

de bienestar,

pero me sumerjo en ella

contemplándola de cerca,

observándola como a una flor

que acabara de abrir.


Me gustaría detener este instante

en el cuenco de mi vientre.
Hemos contemplado una palpable melancolía, grato leerte
 

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