Teo Moran
Poeta fiel al portal
Afloran desde la raíz cristalina
con suspiros leves y soñolientos
los juncos delgados y curvados
donde sus finas copas besan al río,
y como un rizo sutil en el aire
espera la llegada de la álgida brisa
entre los brazos abiertos y verdes
de los chopos que callan y ríen
como fantasmas sobre el cauce.
Mas solo hay sombras en el agua
cuando esta juega feliz en la orilla
con unas estampadas flores agrestes,
y sobre el rápido que cae alegre
a la poza profunda donde de niño
con un suspiro febril y soñador
nadaba y jugaba cada tarde.
Ahora veo remolinos profundos
y una dulce desidia en la melodía,
risas y gritos de almas inocentes
que tras los parpadeos del sol
son voz ronca de los hombres.
Nada queda de los raíles del tren,
solo el puente sobre el lecho del río,
arcos de piedra por donde el agua
sucumbe y corre en mi busca
anegando cada latido de mi corazón,
y más allá, el campo ya segado
también me espera con sus recuerdos,
quiere hablarme de tiempos lejanos,
donde cada paso por el sendero
es ir hacia un mundo desconocido,
donde los jilgueros trinaban alegres
en las ramas del cerezo en flor,
y en la cima de la sierra parda
las silentes piedras del castillo
miran el vuelo de la golondrina
que tras sus alas lleva el suspiro
de un corazón enamorado,
unas oquedades en el monte
donde el sol cansado se recuesta
y unas luces en el tapiz del cielo
cascabelean y brillan sutiles
y son refugio del amor verdadero.