Ziler
Poeta recién llegado
Bajo este arrebol que se tiñe en el ocaso, dejo que se tejan los hilos rojos entrelazados en un laberinto de faunos que me obligan a escribir ante la luna llena, para volver esta escritura inmortal.
Otra elegía precoz que se derrama febril en el papel; tal vez sea mi única forma de alcanzar el plácido momento de morir: escribiendo el discernimiento de mis sombras, a las que no sé qué rostro adjudicarles: si el poseso amor de acompañar mi arte o la perniciosa obsesión de perecer en las mañanas.
Mientras tanto, seguiré navegando en este lóbrego bajel sin deriva, con las bitácoras de un capitán que blasfemó su tragedia hasta el final. Pretendiendo ser un valiente argonauta, relegó su remo sin estrobo y se perdió en una tormenta de tinta que, en algunos momentos, le promete ser su vellocino de oro.
Otra elegía precoz que se derrama febril en el papel; tal vez sea mi única forma de alcanzar el plácido momento de morir: escribiendo el discernimiento de mis sombras, a las que no sé qué rostro adjudicarles: si el poseso amor de acompañar mi arte o la perniciosa obsesión de perecer en las mañanas.
Mientras tanto, seguiré navegando en este lóbrego bajel sin deriva, con las bitácoras de un capitán que blasfemó su tragedia hasta el final. Pretendiendo ser un valiente argonauta, relegó su remo sin estrobo y se perdió en una tormenta de tinta que, en algunos momentos, le promete ser su vellocino de oro.
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