Miguel Font
Poeta que considera el portal su segunda casa
Despertó sobresaltado,
bañado por un sudor espeso,
volvió la recurrente y vívida pesadilla
que lo atormenta desde hace varias noches.
Las náuseas y vómitos de ayer cedieron un poco
pero el dolor de cabeza es insoportable.
Se levanta presuroso,
está llegando la hora de su ansiada cita.
El espejo le devuelve una figura fantasmal,
oscuras ojeras,
en un rostro demacrado y sin afeitar.
El temblor de sus manos es alarmante
y le demanda varios intentos poner la llave en la puerta.
Al fin sale a la calle.
y con paso vacilante recorre las dos cuadras
que lo separan de su meta,
un salón al lado de una antigua iglesia.
Entra.
En la sala,
alrededor de una mesa,
hay unas doce personas que lo miran amistosamente.
Se sienta y escucha.
Cuando alguien lo señala, se pone de pie
y pronuncia con voz temblorosa...
-Hola, soy Javi, alcohólico desde hace más de diez años
y llevo siete días sin beber...
bañado por un sudor espeso,
volvió la recurrente y vívida pesadilla
que lo atormenta desde hace varias noches.
Las náuseas y vómitos de ayer cedieron un poco
pero el dolor de cabeza es insoportable.
Se levanta presuroso,
está llegando la hora de su ansiada cita.
El espejo le devuelve una figura fantasmal,
oscuras ojeras,
en un rostro demacrado y sin afeitar.
El temblor de sus manos es alarmante
y le demanda varios intentos poner la llave en la puerta.
Al fin sale a la calle.
y con paso vacilante recorre las dos cuadras
que lo separan de su meta,
un salón al lado de una antigua iglesia.
Entra.
En la sala,
alrededor de una mesa,
hay unas doce personas que lo miran amistosamente.
Se sienta y escucha.
Cuando alguien lo señala, se pone de pie
y pronuncia con voz temblorosa...
-Hola, soy Javi, alcohólico desde hace más de diez años
y llevo siete días sin beber...
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