danie
solo un pensamiento...
Me extravié en los músculos febriles
de los cuerpos enlazados.
En el sudor y en los gemidos de los instantes,
guardados en los cajones,
con sus botones y broches fijándolos a la memoria.
En los tendones que sujetan las sonrisas
y también en los lagrimales de los llantos.
En los rezos de los húmedos labios
que acarician la ansiedad, los rubores, las rojas lujurias,
las invocaciones de las alondras del alba…
Me extravié,
sin darme cuenta que me había perdido,
en la mar de una plegaria azul
que libera a los abriles de las cadenas de las angustias.
¡Qué bueno que me extravié!
Tuve suerte al perderme dentro del corazón
y así olvidar mi cuerpo vacío de herrumbre.
¡Qué bueno que me extravié!
Así pude relegar a las dudas
y sus cenizas haciendo brechas en el tiempo,
así pude residir en el cauce de este sueño.
Posdata: así se vuelve muy fácil escribirle a un sueño. ¡Dios, qué fácil es!
de los cuerpos enlazados.
En el sudor y en los gemidos de los instantes,
guardados en los cajones,
con sus botones y broches fijándolos a la memoria.
En los tendones que sujetan las sonrisas
y también en los lagrimales de los llantos.
En los rezos de los húmedos labios
que acarician la ansiedad, los rubores, las rojas lujurias,
las invocaciones de las alondras del alba…
Me extravié,
sin darme cuenta que me había perdido,
en la mar de una plegaria azul
que libera a los abriles de las cadenas de las angustias.
¡Qué bueno que me extravié!
Tuve suerte al perderme dentro del corazón
y así olvidar mi cuerpo vacío de herrumbre.
¡Qué bueno que me extravié!
Así pude relegar a las dudas
y sus cenizas haciendo brechas en el tiempo,
así pude residir en el cauce de este sueño.
Posdata: así se vuelve muy fácil escribirle a un sueño. ¡Dios, qué fácil es!
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