Pablo walfisch
Pablo walfisch
En las noches cuando el cielo se enfurece,
se ilumina con el resplandor del infierno.
Sólo queda correr.
La lisérgica imagen del camino lo lleva al lugar del silencio,
allí donde la salvación parece segura.
El rugido salvaje inevitablemente cubre los oídos.
La maldita lluvia parece eterna
en sus ojos rasgados, que casi no entienden.
Despacio se esconde.
Y solo espera.
Solo eso, espera,
mientras el agua retumba.
Y al final es solo,
esperar,
que el cielo se calme
y los ojos vuelvan a ver.
Como sea.
Ya lo habrá olvidado.
se ilumina con el resplandor del infierno.
Sólo queda correr.
La lisérgica imagen del camino lo lleva al lugar del silencio,
allí donde la salvación parece segura.
El rugido salvaje inevitablemente cubre los oídos.
La maldita lluvia parece eterna
en sus ojos rasgados, que casi no entienden.
Despacio se esconde.
Y solo espera.
Solo eso, espera,
mientras el agua retumba.
Y al final es solo,
esperar,
que el cielo se calme
y los ojos vuelvan a ver.
Como sea.
Ya lo habrá olvidado.