MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Magia.
Magia.
Movimiento perpetuo.
Los colores.
Las ramas.
La arena.
Risas.
Gotas.
Vientos...
Silencio.
La más acompañada de las soledades,
transcurre,
venera.
Debo decir que no vi
más que fe,
reverdeciendo realidades
en un lienzo perfecto.
Alma y fuego eran.
Fuego y alma.
Los pinos observaron.
Preguntaron.
Confiaron en mi asombro.
Me acerco un poco más.
Camino.
Escucho.
El día se despide en una danza.
La orquesta está tocando,
y es un himno
que a todos nos conmueve.
Nos fundimos al polvo.
Lo cantamos.
Y pienso,
en las multitudinarias soledades
que transitan el tiempo,
sin parar la cabeza,
ni la oreja.
Soledades de encierros orquestados
que parecen ajenas a la tierra,
y que pasan sin que les pase.
Ebrios de sí pasan.
Sólo pasan sin que les pase...
A veces creo que puedo
incendiar los cordones.
A veces creo que puedo
sentirte un poco más.
Ya es hora de partir,
ha llegado la noche,
y el fantasma se queda.
Tendido en una rama,
recitando algún verso
se mueve en la penumbra.
El fantasma me espera.
Sonríe sin despedirse
reavivando presentes,
en su fuego de magia.
El fantasma se queda…
Ya todo está encendido
hasta los poros.
Las flores de este reino
volándonos de amores.
Y ese brillo nocturno
siendo llama y abrazo.
Ya todo marcha simple
y alabando.
Vuela un pájaro.
Bordando una leyenda en su aleteo.
Desapareciendo,
para siempre permanecer.
Yo paso.
Y lo sencillo que pasa
va pasando al compás
de esta alabanza.
Silencio.
La más acompañada de las soledades,
transcurre,
venera.
Ya todo es armonía.
Humos de paz en el bosque del canto.
Magia.
Movimiento perpetuo.
Los colores.
Las ramas.
La arena.
Risas.
Gotas.
Vientos...
Silencio.
La más acompañada de las soledades,
transcurre,
venera.
Debo decir que no vi
más que fe,
reverdeciendo realidades
en un lienzo perfecto.
Alma y fuego eran.
Fuego y alma.
Los pinos observaron.
Preguntaron.
Confiaron en mi asombro.
Me acerco un poco más.
Camino.
Escucho.
El día se despide en una danza.
La orquesta está tocando,
y es un himno
que a todos nos conmueve.
Nos fundimos al polvo.
Lo cantamos.
Y pienso,
en las multitudinarias soledades
que transitan el tiempo,
sin parar la cabeza,
ni la oreja.
Soledades de encierros orquestados
que parecen ajenas a la tierra,
y que pasan sin que les pase.
Ebrios de sí pasan.
Sólo pasan sin que les pase...
A veces creo que puedo
incendiar los cordones.
A veces creo que puedo
sentirte un poco más.
Ya es hora de partir,
ha llegado la noche,
y el fantasma se queda.
Tendido en una rama,
recitando algún verso
se mueve en la penumbra.
El fantasma me espera.
Sonríe sin despedirse
reavivando presentes,
en su fuego de magia.
El fantasma se queda…
Ya todo está encendido
hasta los poros.
Las flores de este reino
volándonos de amores.
Y ese brillo nocturno
siendo llama y abrazo.
Ya todo marcha simple
y alabando.
Vuela un pájaro.
Bordando una leyenda en su aleteo.
Desapareciendo,
para siempre permanecer.
Yo paso.
Y lo sencillo que pasa
va pasando al compás
de esta alabanza.
Silencio.
La más acompañada de las soledades,
transcurre,
venera.
Ya todo es armonía.
Humos de paz en el bosque del canto.
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