Bajo el calor de la noche
la luna asomaba sola
con sus cabellos de plata
y la carita redonda.
Ella besaba la tierra
entre aromas de amapola
cuando un hombre caminaba
por las callejas en sombra.
Él, contemplaba a la luna
siempre limpia y pura toda
bajo un silencio estrellado
con sus canciones redondas.
La luna le daba al hombre
una noche luminosa
calmando su soledad
sedienta de amor y boca.
Triste sonar en sus pasos
marcaban ocultas horas,
él solo daba a la luna
su tristeza y su persona.
Brotaba el canto del mirlo
bajo el rumor de las hojas,
y sus gorjeos llegaban
por resonancias remotas.
Él, no quería volver
al silencio de su alcoba
por temor al olor triste
de una deshojada rosa.
Y quiso la noche mansa
llenar su carne de aromas
blanquecinos y perpetuos
para ahogar su congoja.
¡Oh soledad sin descanso,
qué penuria de corona,
entre láminas de plata
iba buscando la aurora!
la luna asomaba sola
con sus cabellos de plata
y la carita redonda.
Ella besaba la tierra
entre aromas de amapola
cuando un hombre caminaba
por las callejas en sombra.
Él, contemplaba a la luna
siempre limpia y pura toda
bajo un silencio estrellado
con sus canciones redondas.
La luna le daba al hombre
una noche luminosa
calmando su soledad
sedienta de amor y boca.
Triste sonar en sus pasos
marcaban ocultas horas,
él solo daba a la luna
su tristeza y su persona.
Brotaba el canto del mirlo
bajo el rumor de las hojas,
y sus gorjeos llegaban
por resonancias remotas.
Él, no quería volver
al silencio de su alcoba
por temor al olor triste
de una deshojada rosa.
Y quiso la noche mansa
llenar su carne de aromas
blanquecinos y perpetuos
para ahogar su congoja.
¡Oh soledad sin descanso,
qué penuria de corona,
entre láminas de plata
iba buscando la aurora!