dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Esta es la historia señores
de la reina Catalina,
hija del rey Don Fulgencio
y de su esposa Casilda.
Al nacer en cuna noble
fue muy honrada y altiva.
Una noche de septiembre
un moro la hizo cautiva
y la montó en su caballo
brillantes de oro en la silla,
las herraduras de plata
y en las crines amatistas.
¿Cómo te llamas Cristiana,
cómo he de llamarte, niña?
Poco te importa mi nombre
si no respetas mi vida.
Tu vida sí la respeto
pues serás mi prometida
y cuando pasen tres lunas
dormiré en tu compañía.
Dios no quiera que eso pase,
no quiera Dios que desnuda
en tu cama yo me encuentre
en tan atroz singladura.
Si no quieres ser mi esposa,
lo serás bajo tortura
y si tampoco así quieres
te espera la sepultura.
¿Cuál es tu nombre muchacha
que con tus ojos me alumbras?
Mi nombre te lo diré
en la ocasión oportuna.
Ya llegaron al palacio
donde el moro con voz dura
ordena que sus sirvientes
apacienten las monturas
cansadas de tanto andar
por entre montes y dunas.
Ya tres noches han pasado,
la luz del alba despunta
y aunque prometió la niña
al moro no unirse nunca
para conservar su vida
palabras de amor pronuncia.
Ya llegó la nueva noche
después de tan tristes nupcias,
ya la paloma de luto
a su dignidad renuncia.
La serpiente ya se arrastra
terminada la cópula;
la muerte silva su canto
de perdición y locura.
Mientras le besa los labios
un puñal de plata empuña
y lo clava en el costado
de su marido con furia.
Ahora digo mi nombre
que es la ocasión oportuna:
Yo me llamo Catalina,
desde este momento viuda.
Eladio Parreño Elías
10-Mayo-2013
Última edición por un moderador: