Trinity
Vampiro.
Cierro los ojos y las pesadillas me acosan,
drogan y derriten mis pupilas
entre los sonidos de las aves sigilosas
a punto de destrozarme el corazón.
Me levanto y las almohadas se desangran
aprisionando cada clavo en mi mejilla,
con el frío que da asilo a mis miedos
llevando mi locura a un nivel superior.
Los grillos van enmudeciendo la madrugada
y el olor del azufre continúa en ovación
justo con el atacar de los gusanos,
-fantasmas llenos de desdichas dilatadas-.
La mente corroída me traiciona
dejando que los relojes se estremezcan,
asfixiando cada gota del sudor
que desborda mi cuerpo cubierto de cenizas.
Respirar se hace toda una osadía
tras el mantel que se encuentra en combustión,
obligándome a escudriñar entre el pantano
con los dedos llagados de desidia
Y descubro, justo debajo de mi cadáver,
un rastro de condolencia perdonada,
un toque de sulfuro deshidratado
y mi corazón perforado con algodón;
todo para entender que me extinguí
en el suelo decorado con esos aceites nocivos,
mientras que mis lágrimas de gas van falleciendo
en una explosión de pudores fingidos.
Abro los ojos y las pesadillas se desvanecen
pero ahí, está la inmune realidad
donde un murmullo me grita impiadoso:
"¡Muere, que tu vida no es un sueño!"
Y caigo Caigo con las luces apagadas
al abismo satírico de desechos tóxicos,
esos que reclaman mi alma, esos que me inundan
Cuando el día, se mancha con el sol.