danie
solo un pensamiento...
La sirena de una ambulancia se oye a cinco calles,
muy pocos autos le ceden el camino.
Cerca del supermercado chino se oyeron unos balazos,
alguien rumoreó que asaltaron a Juan —¿quién es Juan?
Uno más que ni Dios conoce —. Bajamos la mirada
para observarnos el cuerpo. No sea que tengamos algún agujero
por donde se puedan fugar las ganas de movernos,
no sea que los zapatos, de un momento a otro, dejen de apretarnos
los pies y se dispongan a correr aprisa.
Miramos hacia atrás para que no haya nadie
empujándonos hasta el lugar del hecho.
Seguimos en calma, tranquilos, como buitres urbanos
merodeando las calles sin consciencia.
Una manzana más adelante hay un embotellamiento
por la marcha de una carroza fúnebre.
Buscamos nuestros nombres en la carroza
que traslada al difunto. No se encuentran,
no están ahí. Es un fulano de tal, no somos nosotros,
seguimos tranquilos. Sabemos que la muerte
no necesita usar máscaras en nuestra rutina, por lo tal
no nos preocupamos y seguimos nuestro rumbo.
Pero nunca se nos ocurrió pensar la posibilidad de que
hace tiempo estuviéramos muertos, es imposible
ya que seguimos erguidos como árboles macizos
engañando sólo a los pájaros
que nos miran desde los postes de luz.
muy pocos autos le ceden el camino.
Cerca del supermercado chino se oyeron unos balazos,
alguien rumoreó que asaltaron a Juan —¿quién es Juan?
Uno más que ni Dios conoce —. Bajamos la mirada
para observarnos el cuerpo. No sea que tengamos algún agujero
por donde se puedan fugar las ganas de movernos,
no sea que los zapatos, de un momento a otro, dejen de apretarnos
los pies y se dispongan a correr aprisa.
Miramos hacia atrás para que no haya nadie
empujándonos hasta el lugar del hecho.
Seguimos en calma, tranquilos, como buitres urbanos
merodeando las calles sin consciencia.
Una manzana más adelante hay un embotellamiento
por la marcha de una carroza fúnebre.
Buscamos nuestros nombres en la carroza
que traslada al difunto. No se encuentran,
no están ahí. Es un fulano de tal, no somos nosotros,
seguimos tranquilos. Sabemos que la muerte
no necesita usar máscaras en nuestra rutina, por lo tal
no nos preocupamos y seguimos nuestro rumbo.
Pero nunca se nos ocurrió pensar la posibilidad de que
hace tiempo estuviéramos muertos, es imposible
ya que seguimos erguidos como árboles macizos
engañando sólo a los pájaros
que nos miran desde los postes de luz.