Eban Fems Cid
Poeta fiel al portal
¿Que piensan las mujeres? un día me preguntaron, a lo que repuse; no puedo adivinarlo,
quizá, pueda intuirlo, llegar a una conclusión, incluso deducirlo fríamente o imaginarlo.
Entonces pensé, ¿Que tal si pudiera saberlo? tenerlo por hecho en un cuaderno, ipso facto.
Seria el más sabio, me llamarían a la radio, TV, universidades, a bañarse de mis actos.
Me pagarían fortunas, hombres de todos lados, por saber que piensan las mujeres a su lado.
Madres, esposas, hijas y amantes; me darían todo por tener una certeza clara de sus actos.
Entonces dije; este don me hace perfecto. Me daba dinero, fama y muchos amores puercos.
Pero con el tiempo sentía cada día mas peso, era una carga y a la vez no tenía nada adentro.
Saberlo todo, sin sorpresas, sin incertidumbres, hasta al dolor y a las lagrimas eché de menos.
¿De que servían la riqueza, los admiradores? Si de noche dormía acompañado, sintiéndome solo.
Tantas palabras derramadas, minutos quebrados bajo mi tiempo, perdidos en un momento.
Me quedaba darme cuenta, “no hay mal que dure cien años, ni tonto que lo aguante” ¿Cierto?
¿Cuánto vale tomar una rosa, sin espinas, ni sufrimiento? ¿Mirar al sol, con los ojos muy abiertos?
Si no sientes el punzante pinchazo en tu mano, si no te arden los ojos ante la belleza y el fuego.
De nada valen los hombres que no sienten miedo, de nada vale saberlo todo si no puedes verlo,
sentirlo, sufrirlo, el asombro de cada momento, el dolor te marca, le da forma a los recuerdos
la alegría es tan solo la paga del que se atreve a desfallecer por un beso, una caricia, a extrañar
a la que ama. No hay hombre que valga más, que el que sufre por una mujer y un lindo sueño.
quizá, pueda intuirlo, llegar a una conclusión, incluso deducirlo fríamente o imaginarlo.
Entonces pensé, ¿Que tal si pudiera saberlo? tenerlo por hecho en un cuaderno, ipso facto.
Seria el más sabio, me llamarían a la radio, TV, universidades, a bañarse de mis actos.
Me pagarían fortunas, hombres de todos lados, por saber que piensan las mujeres a su lado.
Madres, esposas, hijas y amantes; me darían todo por tener una certeza clara de sus actos.
Entonces dije; este don me hace perfecto. Me daba dinero, fama y muchos amores puercos.
Pero con el tiempo sentía cada día mas peso, era una carga y a la vez no tenía nada adentro.
Saberlo todo, sin sorpresas, sin incertidumbres, hasta al dolor y a las lagrimas eché de menos.
¿De que servían la riqueza, los admiradores? Si de noche dormía acompañado, sintiéndome solo.
Tantas palabras derramadas, minutos quebrados bajo mi tiempo, perdidos en un momento.
Me quedaba darme cuenta, “no hay mal que dure cien años, ni tonto que lo aguante” ¿Cierto?
¿Cuánto vale tomar una rosa, sin espinas, ni sufrimiento? ¿Mirar al sol, con los ojos muy abiertos?
Si no sientes el punzante pinchazo en tu mano, si no te arden los ojos ante la belleza y el fuego.
De nada valen los hombres que no sienten miedo, de nada vale saberlo todo si no puedes verlo,
sentirlo, sufrirlo, el asombro de cada momento, el dolor te marca, le da forma a los recuerdos
la alegría es tan solo la paga del que se atreve a desfallecer por un beso, una caricia, a extrañar
a la que ama. No hay hombre que valga más, que el que sufre por una mujer y un lindo sueño.
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