Felicidades por este poema, Juan Ramón. Creo que está muy bien construido: la idealidad de los cuartetos desemboca en la frustrante realidad de los tercetos, en una estructura binaria muy acertada. La expresión "suspiros de mi mente" me parece valiosa: se parece a la más convencional y trillada "suspiros del corazón", pero le aporta un elemento de originalidad.
En cuanto al tema de los encuentros vocálicos, que nunca podremos dar por zanjado, creo que bajo la cuestión subjetiva (pronunciación de cada área lingüística o de cada hablante [escritor o lector]), hay un elemento objetivo que es de naturaleza musical. A ver si consigo explicarme.
Las vocales son letras que representan sonidos que pueden ser emitidos de forma continua por nuestro aparato fonador; su sonido puede prolongarse sin variación durante un cierto tiempo. Las consonantes, en cambio, responden en general a sonidos "instantáneos", que o bien sólo pueden sonar por sí mismas un instante (el resto es resonancia), o bien se emplean en combinación con otros sonidos, pero no solas. Esto tiene como consecuencia que el ritmo del habla queda articulado fundamentalmente por las consonantes "instantáneas", que cortan las emisiones vocálicas del mismo modo que los signos de puntuación articulan el texto.
Decía que es ésta una cuestión esencialmente musical (la poesía también tiene su música intrínseca). Y en efecto, todos los que alguna vez hemos cantado, aun en coros de aficionados, nos hemos encontrado con esto a poco que el nivel técnico fuese mínimamente trabajado. Uno de los ejemplos más conocidos se encuentra en el famoso "Aleluya" de "El Mesías" de Händel.
Hacia la mitad de este número del oratorio händeliano las sopranos y contraltos tienen prolongado un cantus firmus sobre las palabras "King of kings, and Lord of lords" contrapunteado por tenores y bajos sobre "for ever and ever, Hallelujah", Hallelujah". Es frecuentísimo en los coros amateur (e incluso en algunos profesionales) escuchar en este punto algo como un aburrido "Kinokiiiiiiiiis" en lugar de "KinG oF kiiiiiiiiiiNGS", pronunciación picado-ligada que llena de interés esa frase musical tan larga y difícil. El motivo es que no resulta fácil pronunciar todas esas consonantes finales para conseguir una adecuada articulación rítmica. Pero lo que está en juego es nada más y nada menos que la eficacia de la música, el latido que es indicio de su vida.
En poesía pasa lo mismo que en la composición e interpretación musical: el uso de ciertas consonantes puede influir y mucho en el ritmo objetivo del verso. Yo, en el ejemplo que nos ocupa, evitaría hanto el hiato "yo anhelo" como la sinalefa "yo ambiciono", pues estamos justo en la primera sílaba del poema, en su primer acento además; mi elección pasa, sin duda, por articular mediante sonidos consonánticos: "yo que anhelo el saber..." Esta opición evidentemente supone un cambio importante en la sixtasis, pues provoca que todo el primer cuarteto quede convertido en una proposición de relativo; es un ejemplo de subordinación del plano sintáctico al sonoro, y es la opción que yo preferiría si fuese el autor de este poema.
Espero haber logrado explicar bien mi percepción del problema de los encuentros vocálicos. Gracias a Jorge por la referencia a la obra de Carlos Vaz. Parece muy interesante; trataré de consultarla. Saludos.